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XIII Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 1999

XIII Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 1999

La receta. 2000.
Morón martínez, Tlilkówatl Armando.

Reseña 1:

Morón martínez, Tlilkówatl Armando.
La receta.
Colección premios Max Aub de cuentos. 2000.

INGREDIENTES PARA UNA RECETA DEFINITIVA

Una "Receta" para que los banquetes puedan serlo de amor; grabados que interpretan la necesidad humana de vivir en la Belleza nutriente, fundacional... Un relato de Armando Morón, Premio Max Aub del año 1999; grabados de Ramón Pérez Carrió. La obra de Arte siempre es acción: el pensamiento siempre es activo cuando es creador. Recorro la Belleza anónima, común; la Belleza que redime la ignominia de la vida, que se pone por encima de las miserias de los seres humanos... y los salva...

EL GUSTO SABIO DE ESTA RECETA:

Al principio de los tiempos, dice Platón en El Banquete, el ser humano era un ser perfecto cuya autosuficiente sexualidad le venía dada por su constitución de hombre y de mujer. Este ser poseedor de ambos sexos era el Andrógino, que los dioses condenaron a separarse y, por ello, a buscar esa otra mitad ansiada aunque ya perdida. A la parte masculina le fue dada la razón, siendo su origen el cielo; a la parte femenina –continúa el mito-, el instinto, siendo su origen la tierra. De modo que tras la separación física se produce también la separación intelectual. A partir de este momento se hablará de la racionalidad del hombre y del instinto femenino: la mujer es una eterna niña que necesita la protección del que es no sólo más fuerte, sino también más poderoso intelectualmente. Ella será, pues, la "sombra", nunca la luz.

Sin embargo, a pesar de que la práctica ha querido justificarse con la elaboración de un engranaje teórico, en multitud de ocasiones tal teoría parece situarse tan al margen de la acción que se separan de un modo aún más radical que el Andrógino primitivo. Un caso paradigmático lo hallamos en el Libro V de La república platónica. Si Platón puede representar el sentir de la Grecia clásica donde se gestan la mayor parte de los mitos en torno a lo "femenino" que, como veremos, culminan con la incorporación del cristianismo, ciertos textos platónicos nos enfrentan a una suerte de contradicciones que invalidan la práctica cotidiana entre los sexos. Grecia "asumió" la naturaleza desigual de las mujeres y los hombres, desarrollando su cultura sobre tal base, a pesar de que en el libro platónico mencionado se apele constantemente a la educación y no a una supuesta naturaleza.

(Lo poquito que sé de cocina lo aprendí de la vida: si falta calor o se pasa de sal, no sale la cosa bien. Es lo mismo con los hijos. Con el marido. Una lo sabe de mujer.)

La mujer en Atenas se acercaba bastante a la idea tradicional de "lo femenino". Su área de influencia era la casa, y su aportación a la vida social era prácticamente nula. Tan sólo las mujeres al margen de lo cotidiano, como, por ejemplo, las hetairas, participaban en la vida de la polis; el resto cumplió su "papel natural" de esposa, cuyas funciones son la maternidad y el cuidado del hogar. Sin embargo, es curioso que "compañeras" se llamase precisamente a las prostitutas de un cierto nivel cultural que, como sabemos, llegaron a ocupar puestos de poder e influencia; un caso clásico es la compañera de Pericles, o Diotima, de quien Sócrates dice haber aprendido tanto.

El modelo femenino ateniense, en cierto sentido, está cerca del modelo psicoanalítico de la Madre Primitiva que representa tanto el nacimiento como la muerte. Y así, del mismo modo que el confinamiento en el hogar era algo asimilado a la feminidad, la muerte, como fin de la vida, también le pertenece. De ese modo, lavar el cadáver es el final del proceso de la vida que se inicia en el nacimiento, y la mujer toma en sí la doble imagen de la Madre Buena y la Madre Terrible que simbólicamente están representadas en la cueva, la tierra, el mar del sueño, etc.

(Mi recámara [...] tiene el color de una página vacía. Yo escribo en cámara lenta con letra chiquitita las recetas que recuerdo [...] Y en cada rincón, la de mi marido: ragout a la húngara. Sus padres se chuparon los dedos.)

Siguiendo a Neumann, en su conocida The great Mother, la Gran Madre se asimila en su persona a la mujer, presentando tres características: la de la buena madre (nacimiento), la madre terrible (aniquilación) y la buena/mala madre. Las tres se expresan en la imagen de receptáculo-protección, el vientre-vasija que recibe el cuerpo muerto para completar el ciclo. De la ambivalencia de la Madre Primigenia brota su asimilación a la Tierra, lugar donde se da la vida pero donde también se pudren las cosas. La mujer, directamente "tierra", simboliza pues el misterio de la fecundidad y el de la muerte, siendo su manifestación "terrenal" el estadio de la buena-mala madre.

La vida de las mujeres atenienses estaba regulada, desde el siglo VI a.C., por las leyes de Solón, quien limita absolutamente su influencia acabando con cualquier posible resto de matriarcado de los cultos preolímpicos. No se sabía la relación que tenían con el proceso de procreación porque se desconocía el óvulo, y así los hijos siempre pertenecían al padre, y en caso de divorcio (no muy difícil para los hombres; un poco más para las mujeres), los hijos se quedaban con éste.

(La cocina es el único sitio donde un marido no entra.)

De la mujer se exigía silencio, sumisión y abstinencia respecto a los placeres masculinos, justo lo contrario que se pedía para el hombre. Su estatus mental no pasaba de ser el de una niña y, por ello, el marido, después del padre, era realmente el que controlaba sus acciones quedando ella siempre bajo la "protección" masculina.

(Mi marido se ponía furioso cuando me veía sentada con un libro. Decía que era de güevones. Que había que hacer sacrificios y ponerse a trabajar. Se llamó Jesús. Y no se sacrificaba ni aunque le pagaran.)

La idea griega, que filosóficamente llega a expresar el mismo Aristóteles, se desliza a lo largo de los sistemas sociales que han configurado la historia de occidente, mezclándose con las fantasías mentales, con un imaginario creado desde el desconocimiento, hasta confundirse. No es difícil hallar, pues, en las diferentes mitologías en torno a la mujer ese componente aniñado, infantil, que se exagera en los modelos sexuales hasta el extremo de una "lolita", por ejemplo. Desde este punto de vista, es fácil entender la razón por la que la palabra femenina en el mundo griego siempre presenta esa peculiaridad de ser un "enigma", tal y como lo veremos al hablar de las sirenas o de la esfinge.

(No supo qué hacer cuando empecé a ganar mi dinero guisando por encargo.)

Por lo que se refiere a las diosas griegas, tres son sus características, tres configuraciones de lo femenino que, en cierto modo, aún se mantienen en nuestros días: Atenea, Afrodita y Hera, o la razón, la sexualidad y la esfera doméstica.

En apariencia, las diosas parecen tener el mismo estatus social que un dios, pero su correspondiente humanización, las mujeres, no lograron alcanzar a las diosas en lo que a igualdad social se refiere. Por ejemplo, los hombres podían tener comercio carnal con sus esclavos, pero la fidelidad era un atributo exigido a las mujeres. Exactamente igual en la mitología: los dioses seducen con frecuencia a mortales, pero es rara la ocasión en la que una diosa ame a un mortal hasta el punto de llegar a hacer el amor con él. Cuando la diosa se aproxima a un mortal, su relación es más de consejo o inspiración partiendo de la pureza de sus expresiones. No podemos decir lo mismo de los dioses. La virginidad de las diosa no la sujetaba a monogamia, como parece que ocurría en los antiguos cultos matriarcales (Diosa Blanca) antes de la institución de las divinidades olímpicas. Mas, con la institución de los cultos olímpicos encabezados por Zeus, los comportamientos de los dioses empiezan a parecer sospechosamente "humanizados". Tal es el caso del dios Apolo, vengativo, engañoso y que, a pesar de estar bajo su culto la razón, pierde la moderación y la justicia que le caracterizan cuando es rechazado por una mujer.

(Ñic, ñic, ñic, ñic la cama se queja. Un gordo piel sudorosa, carbonuda, al punto de hervor se masturba con un hoyo. Yo debajo de este barbudo de ciento veinte kilos. ¡Impaciencia, Dios mío!)

Si la virginidad es una de las "exigencias" de las diosas griegas (o al menos un símbolo de su prestigio), todos los tabúes alrededor de la desfloración se expresan en la mentalidad de los humanos. Así, la causa del mal está en las mujeres seductoras, en aquellas que se comportan de un modo que no les corresponde por su sexo: de Pandora a Eva en el cristianismo que, a su vez, hace nacer a Jesús de una virgen.

Las diosas griegas, como decíamos, configuran también la "distribución" que el imaginario hace de las mujeres:

-la mujer pura, la que de un modo virginal llega a ser respetable esposa y madre, cuyo modelo es la diosa Hera.

-la que alejándose del papel prioritario que le corresponde como mujer pierde su atractivo femenino, desarrollando más la capacidad "masculina" de la racionalidad, aunque su virginidad la preserva de convertirse en un "monstruo"; la intelectual asexuada con base en la diosa Atenea.

-la mujer que liberándose de su papel pasivo se torna frívolo objeto sexual: Afrodita.

De este modo, la ideología acaba extrayendo consecuencias de una supuesta "naturaleza femenina": de la atractiva Afrodita, engañosa, capaz de separar claramente a la madre de la amante y cuya esterilidad es condición del gozo masculino en el amor, hasta la prostituta, donde se expresan plenamente todas las fantasías del varón. Ambas se verán exacerbadas en el siglo XIX en la figura de la enigmática "mujer fatal", precisamente en un momento en el que las voces de las mujeres empiezan a reivindicar sus derechos como seres humanos.

El enigma es otra de las características atribuidas a las mujeres que rompen con el papel que la historia les asigna. Y así, aquellas figuras femeninas que ya en el mundo griego "probaban" si, efectivamente, el logos –la razón y el lenguaje- era algo que les estaba vedado, fueron "castigadas" por el mismo inconsciente colectivo que las había creado desde el deseo y el terror.

(Nada crece donde hay hielo, ¿verdad?)

Cuando buscaron un espacio para expresarse "plenamente mujeres" fueron locas bacantes o fueron brujas. Y cuando aún mujeres usaron de la razón, del lenguaje lógico, fueron sirena o fueron esfinge. Cuando quisieron hablar como los hombres hablaban, su voz era engañosa o ambigua... ¿Quizás masculina?...

Sirena y esfinge. Nunca son mujeres íntegras porque han perdido "el sexo". De ser humano sólo les queda la parte superior, la cabeza y el rostro, que es como decir el pensamiento. Están a la par que los hombres porque en ellos domina la razón; el resto de su cuerpo es animal. Caracterizadas negativamente, es paradójico que la definición que de ambas figuras nos ha legado la mitología se parezca, peligrosamente, al perfil del "entorno masculino": se comportan violenta y dominantemente. La palabra que profieren, separadas entonces del "silencio femenino", sirve para tales fines: como el Don Juan, seducen y engañan valiéndose de un lenguaje-red en el que quedarán atrapadas sus víctimas, que son siempre hombres. En el caso de la sirena, su voz-red será el canto que promete el conocimiento; como en el hombre, conocer es dominar, y eso sólo lo da la razón. Astutas, misteriosas, las sirenas destruyen provocando en los hombres una languidez erótica que, como escribe Franco-Lao en su Música bruja (La mujer en la música), los conducía a la muerte.

Delirante, la palabra-violencia de los personajes femeninos que Grecia "dejó hablar" nacen de la irracionalidad fruto de ese cuerpo sólo a medias humano, de ese cuerpo mitad animal con el que representaron a la sirena y a la esfinge. Engaño y seducción: la palabra de ambas tiene la forma de un enigma porque el logos les ha sido negado imponiéndose el dogma de que el silencio es el mejor adorno de las mujeres. Como la sirena, la esfinge seduce mediante su voz; encadena a los hombres que caen prisioneros entre sus garras felinas. "Vampira", la esfinge engaña, captura y viola. Su poder está en la boca-palabra que formula enigmas y que también acaba con sus víctimas.

La locura que provocan se halla en su capacidad de "decir", de transgredir el silencio impuesto a las mujeres. Se tornan seres "andróginos" en su comportamiento que, no obstante, se mezcla con todos los "atributos" de la feminidad. Pero al contrario que el gran "catalogador" de ésta, la maternidad-amor-vida, su condición masculina y violenta las hace portar la muerte y la destrucción. Desde una estructura "masculina", tanto la esfinge como la sirena, por haberse salido de la norma-ley, son malvadas, han perdido la dulzura o el encanto propio de las "mujeres convencionales".

Seducen, se convierten en objeto de deseo, amenazan con derribar todos los estamentos de la tradición. Mas, en caso de dudas o de vacilaciones, es fácil convencer, mediante la superstición, de la maldad de la mujer y de su cuerpo. He ahí Pandora, Lilith, Eva. Y como antagonista, la Virgen. El cristianismo completará la tarea antimujeres que la Grecia seleccionada por la historia había teorizado. Reparemos en algunos datos iluminadores. Por ejemplo, si durante siglos la única postura que se consideraba "natural" para hacer el amor era aquella en que la mujer, extendida de espaldas sostiene el peso del varón, hay datos curiosos y significativos que muestran cómo vivieron las mujeres una sexualidad terriblemente restrictiva. A modo de reflexión, y tal y como nos informa Dibie en su Etnología de la alcoba, en la Roma clásica la noche de bodas resultaba una violación legal, hasta tal punto llegaba la "cosificación" de la mujer. En su lugar, podía ser el esclavo el objeto de uso, de modo que incluso en las relaciones homosexuales entre amo y esclavo, no se pierde la "virilidad" de ninguno de los dos ya que debe haber vergüenza al hacer lo que el amo manda. Aplíquese a las relaciones entre un hombre y una mujer...

(Amé a mi esposo más que a cualquier hombre, el primero en quitarme lo zonza en la cama. [...] Amor toda la tarde y un poquito de la noche. Siento pena. Me culea como él quiere. De cuento de hadas.

Don años después, la noche que creí cambiaría: ya no más asaltos en Corregidora, o caer por las escaleras, o de unos chamacos que me darían un pelotazo en el ojo para cubrir a Jesús, en todo momento el Jesús en la boca.)

La Edad Media, completando el sistema en ciernes del mundo clásico, hará hincapié en el tabú de la mirada que, a su vez, conlleva una serie de "normas" del uso del placer femenino: no mirar de frente, recato en la mirada, poca palabra, suavidad en las formas... Se está creando la imagen de la mujer, la futura madre, la virgen que llega pura al matrimonio y cuya pasividad en el trato y en el amor es señal de virtud.La mentalidad cristiana consiguió convencer de lo pecaminoso del cuerpo femenino y, por supuesto, de la obligación de negarse a un placer que no haría más que recalcar ese pecado: Eva es la mujer por la que toda la humanidad está manchada; y la virgen María es la mujer capaz, desde su pureza, desde la ausencia de "corporalidad pecaminosa" de redimir del pecado mostrándose como un ejemplo de dulzura y abnegación para todas las féminas.

Eva es, sin embargo, perdonada por ser madre de la humanidad, atribuyéndosele el pecado sin perdón posible a Lilith, una diablesa de origen asirio-babilónico que se toma como la primera mujer de Adán. Rebelándose contra su esposo por no querer permanecer bajo el peso del hombre en el amor, es expulsada de su compañía y ella, en venganza, atacará a las parturientas y a los recién nacidos. Lilith es la rebelión de una mujer contra el hombre y contra el propio Dios. En cierto modo, es la imagen "consciente" de Eva, aunque su esterilidad la convierte en objeto de deseo y, por tanto, en absolutamente pecaminosa.

Si en los primeros textos del Génesis bíblico se habla de una cierta igualdad entre el hombre y la mujer, creados ambos por Dios, San Pablo, de formación eminentemente judía, mantiene en su pensamiento las raíces estrictas del pueblo hebreo, cuyos hombres agradecen cada mañana a Dios que no los haya hecho mujer. San Pablo será quien ordene que en el interior del templo la mujer cubra su provocativo pelo, y quien desarrolle, de una manera más o menos explícita, el esquema de los vicios atribuidos "por naturaleza" a cada uno de los sexos: si en el hombre son el orgullo y la avaricia, en la mujer será la lujuria. No es extraño que surjan, en el seno del cristianismo, escritos como el de San Odón de Cluny que llega a comparar a la mujer con el estiércol, con lo cual, ¿cómo es posible que pueda haber "deseo de besarla"?. Es necesario que la mujer, "bolsa de estiércol", acepte su condición de inferioridad; puesto que es ella la portadora del pecado y la causa de todos los males de la humanidad, sería pecar de orgullo el quererse rebelar contra los hombres, al fin y al cabo, "víctimas inocentes". Se multiplican frases como estas: "puesto que Adán fue inducido a tentación por Eva y no Eva por Adán, es justo que el hombre asuma el gobierno de la mujer", o "el hombre debe mandar, la mujer obedecer".

(Doña Lupe sabía. Metió el pato. Limpió con gasa y algodones. Me dio varias tazas de hierbas preparadas por ella. Recetó Ampicilina cada seis horas. No volvió a hablarle a mi marido desde entonces.)

En estas circunstancias el amor, y sobre todo el amor en el matrimonio, no existe. El enlace se realiza en términos meramente comerciales, poniéndose especial énfasis en la necesidad de sumisión de las esposas y en la función genética del cuerpo femenino.

(Creí le daría gusto. ¿Cuánto tienes? No sé, cinco o seis semanas, yo creo. ¿Segura? ¿No te da gusto la noticia? Silencio.)

Si hemos de dar crédito a la cantidad de textos sobre la vida privada que se conservan, la Edad Media instituye un tipo de relaciones hombre-mujer cuyo fin publicitado desde la iglesia será la procreación. La fidelidad no es otra cosa que una prescripción para que la descendencia mejore; aunque el adulterio, sobre todo el masculino, estaba perfectamente asumido, al margen de lo que los estamentos religiosos proponían. Se está gestando un tipo de sociedad donde la normativa impuesta no se corresponde con las costumbres del pueblo, lo que traerá consigo un acontecimiento de suma importancia para las mujeres: junto a la mujer que la religión propone, la mujer pura, madre y esposa recatada, convive la mujer de la naturaleza que pronto tendrá su castigo por esa falta de "domesticación". Estamos a un paso de los procesos de brujería.

(Me siento tan independiente. Leo un periódico en 16 de septiembre: un muchacho de veintidós años corre perseguido por varias mujeres [...] Ya no más niñas de ocho años violadas por su tío. Está en el Centro Médico 2000 y se va a morir. Ellas en el Reclusorio Sur y tampoco van a vivir.)

Qué interesante sería como reflexión para entender otras conductas igualmente fanáticas, igualmente reprobables, conocer lo que ocurría paralelamente a las grandes conquistas, a las cruzadas contra el infiel, a la cristianización y a la expulsión de las etnias "minoritarias", como el caso de los judíos y musulmanes en España, e, incluso, detenernos en el trabajo de esos héroes individuales, porque héroes hemos de llamarlos, que tenían el valor de trabajar en condiciones precarias y peligrosas pero que le estaban abriendo el camino a la moderna investigación científica. En este espacio "de silencio" hemos de situar a las "mujeres de la naturaleza", a las que no salen en los libros ni se les hacen poemas de amor cortés y que, como explica Michelet en su paradigmática obra La bruja, presentaban las características básicas, los "ingredientes" para preparar la "receta" que las llevaría a la hoguera.

Las brujas son esas mujeres conocedoras del poder de las plantas, seguidoras aún de los ritos paganos, a las que les cuesta entender los misterios del cristianismo y que, como máximo, asumen los nuevos cultos porque sin más le cambian el nombre a los suyos. La propia Iglesia conoce la dificultad de prohibir ceremonias religiosas determinadas, y no tiene otro remedio que adaptar gran parte de sus dogmas y celebraciones a los cultos precristianos, lo que es fácil descubrir analizando la iconografía cristiana y cotejándola con iconografías que la preceden. Añadamos el alto índice de analfabetismo de la gente del pueblo que siguió celebrando sus fechas importantes sin saber que estaban siendo sustituidas por una nueva religión...

Se entiende el culto a la luna en una sociedad agrícola. Se entiende la danza después de un día de trabajo; o reunirse alrededor de la hoguera para contar antiguas historias, para cantar. Se entiende que los comportamientos del pueblo no están todavía sometidos a las reglas de urbanidad que pronto van constituyéndose alrededor de la nobleza y que, unos siglos después, se expresarán en la literatura "de buenas maneras" que ritualiza las costumbres sobre la base del desprecio y la vergüenza de todo lo que tenga que ver, fundamentalmente, con el cuerpo y sus "funciones naturales: civilizarse es alejarse de la naturaleza, es domeñar los impulsos primarios. Mas, a medida que el cristianismo trataba de expulsar tal naturaleza, el pueblo la iba asumiendo como inocente, como santificable, como legendaria...

En este universo surgen las brujas. La mujer, por el mero hecho de serlo, ya es sospechosa, culpable potencial. Se la está domesticando porque el nuevo sistema social no va a dar ocasión, siquiera, de que ella participe en el nivel natural porque tal nivel se está negando.

(Somos madres enormes ante niños creídos. Y estos chamaquitos nos controlan, humillan, educan para tenerles miedo. Y heredamos el miedo a nuestras hijas. Y a las amigas se lo recordamos, metemos en cintura a la valiente.)

Ellas, las brujas, a las que el gran Paracelso agradece toda su ciencia, son el chivo expiatorio que ha de servir para recuperar un poder que los hechos mitigan. ¡Qué arma tan potente es el miedo si de lo que se trata es de controlar las conciencias! Por medio de este miedo, pudieron los siglos XIII y XIV controlar, desde el poder, fundamentalmente religioso, a un pueblo cuya mentalidad no siempre aceptaba el tenebrismo y el pecado que se les exponía. Mas, de poco sirvió el enfrentamiento: el siglo XIII lo tornó todo herejía; el XIV, magia. Michelet, en el libro antes citado, nos recuerda que bajo el epígrafe "brujería" van incorporándose las supersticiones de todo tipo, los restos de cultos a la naturaleza, etc., de modo que así "¿qué mujer sería inocente? La más devota creía en todo esto. Al acostarse, antes de rezar a la Virgen, dejaba un poco de leche para su duendecillo. La jovencita, la buena mujer que ofrecía por la mañana un ramo de flores a una santa, por la noche ofrecía a las hadas un poco de fuego" (p. 352).

La mujer de la naturaleza danza desnuda a la luz de la luna, ama su cuerpo y el de los otros porque pertenecen a esa naturaleza de la que se deriva. No desprecia la materia porque ella forma parte de esa materia, y su alabanza a lo sobrenatural nace de este amor y no de su rechazo. Por el contrario, la mujer que describe el amor cortés, esa mujer que no es delirio, sino purificación, ¿es realmente de carne y hueso?

La poesía cortés está plagada de misterios tanto en lo que se refiere a sus orígenes como a su forma. En cuanto al lenguaje, recoge la tradición "guerrera" de occidente. Así, en la cortezia se habla de luchar por el amor, de derrotar, de conquistar, de rendirse, de flechas mortales, de dardos de Eros, de asaltar, perseguir, acosar, defender, tomar, vencer... Poco parece haber cambiado el "lenguaje del amor", a pesar del tiempo transcurrido desde que los trovadores vasallos se rendían al amor de su señora...

Dentro de este ambiente feudal y posesivo, el torneo se convierte en el lugar metafórico donde debe tener lugar el acto ritual de conquista caballeresca: quien vence consigue el corazón de la dama por la que, establecida esa relación de vasallaje, tiene la obligación de luchar. No hay un final feliz. El amor que se describe en la poesía trovadoresca está lleno de obstáculos, como un camino cuyo sentido es el proceso y no el final. Amor de lucha que nunca es apasionadamente humano, sino frío, retórico y espiritual. Pero estas características que configuran la poesía trovadoresca no se corresponden con la mujer de la naturaleza, con la bruja, aunque sí se aproximan, curiosamente, a una de las más virulentas herejías del periodo, la herejía cátara, que surge cuando se aleja de la iglesia oficial en relación al tema del mal-materia-naturaleza... De hecho cuando los "puros" (cátaros o albigenses), son derrotados en el siglo XIII caen en la desesperación y se integran en las "filas de la brujería".

Mas, para entender qué supuso en el tema que nos ocupa dicha herejía, hemos de retrotraernos en el tiempo y regresar, de nuevo, a Platón y a las lecturas neoplatónicas plotinianas que influyeron, entre otros, en San Agustín y que volverán como características del Renacimiento.

El amor es entusiasmo, delirio divino que conduce al momento primero y originario más allá de toda dualidad. Así lo narra Platón en El Banquete o en Fedro. El neoplatonismo plotiniano, por influencia oriental, introduce en occidente los mitos del amor, tal vez como derivación de ciertos mitos anteriores tales como el del Vellocino de oro (en la Edad Media, el Santo Grial), y las doctrinas pitagóricas de la trasmigración con la teoría druídica sobre la inmortalidad. Tanto el dualismo platónico, como el celta, el gnóstico o el hindú, dotan a la mujer de una naturaleza profética y huidiza: la mujer se desea y se teme; su naturaleza provocativa lleva a la búsqueda de un amor más allá de lo encarnado. En este sentido, desde el siglo III, se extendió de la India a Bretaña una religión cuya base era la misma. Se trata de la fe maniquea y, como entre los persas, los gnósticos o los órficos, la dualidad se repite en los mitos del Día y la Noche. El resultado fue una herejía virulentamente perseguida, tanto que sus restos escritos pertenecen a los adversarios y no a los autores, por lo que llega plagada de expresiones cristianas, budistas y musulmanas. El alma está prisionera en la materia (en su "noche"), pero siendo su naturaleza angelical, recuerda lo bello. Como en el mito de la caverna platónico, el héroe volverá de la isla de los inmortales. Mas, Venus ("la estrella que más brilla", Lucifer) quiere retener al amante en su deseo, y el ser humano se debatirá entre el amor sexual y el otro amor que es experiencia del alma angelical caída. Su expresión, pues, está más allá del discurso inteligible, y será la muerte la que acabe con este sufrimiento, con este dualismo inevitable y desgarrador que, en el fondo, no deja de ser el resultado de un supuesto pecado original.

(Por eso ese día nada más tocaron y abrí. Sonrío cuando me acuerdo: entraron en procesión. Mi suegro por delante como era su costumbre. Ella atrás tres pasos.)

El Mal se separa del Bien. El mundo es mal, la materia es mala y sólo el alma prisionera de ésta es buena y pertenece a Dios. En este contexto, que repercute, como hemos visto, en la iglesia cristiana, la mujer es el principio del mal aunque se corresponda con un principio de Pureza –como la Sofía de los gnósticos-, que se expresará en la pura luz intacta e inmaterial de María.

(Nos sentamos en la sala. Me había lucido [...]: una bebida ideal para empezar no, no, no, no a mí dame algo más fuerte, dice gravemente mi suegro. Enseguida su tequila. Doble. A lo macho o menos porque luego le da por llorar y a l final quiere leche con galletitas de chocolate.)

A la par, irrumpe en occidente la mística árabe. La "mujer" de la poesía árabe se acerca a la Sofía de la gnosis, a la Verdad de Platón, a la mujer del amor cortés, a la virgen María. La "Dama de los pensamientos" de la cortezia se transforma en "Nuestra Señora". Y el Ajedrez, por ejemplo, introduce en el siglo XII a la Dama o Reina que vence a todos menos al rey, cuyo poder, sin embargo, es muy pequeño... La creación literaria empieza a aportar un cúmulo de imágenes y metáforas que bien pueden enmascarar una realidad dual, compleja, etc., como la que tratamos de recorrer. Así, el "filtro" amoroso es la droga de la cortezia. Y filtro-droga-magia se acerca a la intoxicación mística, a la pérdida de sí que, como en el enamorado, hace que el riesgo mueva todas las acciones. Celestina irrumpe "popular" respecto a este universo simbólico: siempre la aventura amorosa, sea cual sea su ámbito, es riesgo y pasión.

(Yo les explico que celebramos el cumpleaños de Jesús. Pero faltan siete meses. Es que se lo adelanté por higiene. ¿Higiene? Sí... higiene mental, pero Chucho va a aparecer más tarde, seguro.)

Hay otro acontecimiento que configura, con plenitud, la cadena de los hechos que van a llevarnos a la "receta definitiva". Nos referimos a la peregrinación en la Edad Media. La peregrinación "material" tiene un origen simbólico en una peregrinación que no requiere la salida de la casa, una peregrinación simbólica, espiritual, un camino de iniciación lleno de pruebas y con un final de agradecimientos que se parece, sospechosamente, al del poeta cortés respecto a su dama. Hay múltiples testimonios que nos informan de la existencia de mujeres peregrinas. Son datos que hablan de santas y de personajes de la nobleza; aunque, y he aquí el punto de inflexión, el tipo de peregrina que más abunda es el de la loca o la posesa. No suelen hacer el camino solas y, si se trata de una dama noble, no es raro que vayan acompañadas de su séquito. Mas, tampoco es raro encontrar grupos de mujeres peregrinas. Muy pronto se las va asimilando a ciertos personajes marginales, como los vagabundos, los cómicos, las prostitutas, que hacen el camino en busca de fortuna. Mujeres que mezclan la piedad –participan en la ayuda a hospitales, etc.-, y la lujuria lo que hace que pronto los albergues separen a los peregrinos y a las peregrinas. Pueden, además, encargarse de recibir al peregrino lavándole los pies, por ejemplo (como María Magdalena hizo con Cristo), o pueden encargarse de las "tareas domésticas" tales como camarera, despensera, ropera, etc. Sin embargo, los papeles de "responsabilidad" siguen siendo de los hombres. La literatura ofrece ejemplos sobrados de mujeres que son anzuelo para el peregrino, y, a la vez, ejemplos de la actuación de la Virgen que ayuda al peregrino mediante intervenciones que lo libran de la atracción del mal...

Dualidad en el tratamiento de las mujeres. Ambivalencia en la acción. Todo ello se expresará por precisión en la poesía, encontrándonos con textos donde se habla de lo que las mujeres dicen, y textos escritos por las propias mujeres...

(El guisado estaba bien bueno, dice ella y pregunta la receta, ah qué vieja tan pendeja, dice el patriarca con voz lijada por el agave. Lleva quinientos gramos de carne sin grasa en trocitos. Lo mejor es la ternera, ésta no lo es.)

...La escritura... No es necesario continuar el rastreo en el tiempo: las mujeres japonesas antiguas que sabían leer y escribir, escribían las historias que querían leer; escribían lo que su alma necesitaba oír, y desde la lectura en voz alta creaban un mundo donde habitar. Algo semejante ocurre en las primeras cortes donde se "escribe del amor"...

La protagonista de esta "receta" que con tanta maestría nos regala Armando Morón, ve su recámara "del color de una página vacía", y sobre ella va escribiendo "en cámara lenta con letra chiquitita las recetas" que recuerda. Recetas –lugares donde ejercer su arte transmutador y nutricio, capaz de transformar la necesidad en Belleza-, que se mezclan con "ingredientes" de su vida. Recetas que recoge, que recibe, que cede, que son merecedoras de un banquete (¿será casual que el lugar donde con más precisión se reflexiona sobre el Amor sea precisamente El Banquete, de Platón?), con todo lo que tal ceremonia tiene de culto, de ritual y comunión, de entrega, de rito "religioso". Pero, concluyamos este breve paseo por el secreto libro de las "recetas definitivas" releyéndolo ahora desde el punto de vista de lo que la escritura significa.

Toda la tradición mítico-religiosa occidental, por influencias orientalizantes, ha asociado el sol con la razón -como deduciríamos sabiendo que el dios Apolo se asocia al "astro-rey"-, y también con el lenguaje. En griego, el término "logos" significa ambas cosas: razón y lenguaje. Platón expone un hermoso mito sobre el origen de la escritura que nos será, en este momento, aleccionador: Thot, divinidad lunar, por ello suplementaria, que ocupa el lugar del sol cuando éste no está, siempre en segundo término, por tanto, creó la escritura atrayéndose el odio de los otros dioses por haber "inventado" el recuerdo; porque lo escrito "recuerda", por ejemplo, que lo que hoy es ley impositiva tuvo un origen circunstancial, y así puede ser "borrado" cuando las circunstancias cambien: la ley, desde la invención de la escritura, deja de ser eterna.

(¿Jesús no va a venir o qué?, dos tomates grandes [...] espérate no interrumpas, una cucharada de puré [...] qué su pinche madre, si no va a venir pos sirvan el postre ya, ¿no?, tres cucharadas de... [...] cállate, no me pongas en vergüenza, pimienta negra recién [...] si me vuelves a hablar así ya sabes qué te espera, una cucharada de... [...] no empieces, por favor, por eso no me gusta que tomes, disuelta en media taza...)

La ley solar ha intentado acabar con ese suplemento que es la escritura, con ese suplemento "lunar". Temida, castigada, perseguida, la escritura es el reflejo de lo subversivo que se esconde, como su hermana lunar la mujer. De nuevo la luna y la mujer en paralelo, ahora desde la escritura... Brujas y libros ardiendo, purificándose en las hogueras de la Inquisición, entre las llamas del sol-razón-ley.

El fin del medioevo, el primer despertar del Renacimiento, el Renacimiento pleno, sitúan al hombre como centro del universo. Los descubrimientos técnicos, geográficos parecen confirmar que no es necesario pedir ayuda a instancias trascendentes: la sola razón podría repetir la obra atribuida a la divinidad, el hombre es la divinidad encarnada sobre la tierra. Mas, perdiéndose Dios como marco de referencia se pierde también el demonio. Si se deja de ser "instrumento de Dios", nada demoníaco hacemos al hacer lo que queramos. La razón sublimada repudia todo lo que no entre dentro de sus esquemas. Tal secularización culmina en los ilustrados, en la época de las luces que, no debemos olvidarlo, es también la edad de los monarcas absolutos que ejercerán, fundamentando su acción en una "Verdad Plena", una "violencia razonable". Y, otra vez las mujeres –a las que no se incluye en la Declaración de los Derechos del Hombre, como sabemos, a las que se prohíben los "Salones" en Francia- se elegirán como chivo expiatorio: desaparecen las posesas, el alma poseída por el mal, y en su lugar es la naturaleza física "histerizada" la que requerirá los cuidados del médico, que ha sustituido al exorcista.

La expresión del poder de Apolo-Razón-Lenguaje será la confesión oral. La presión psicológica hace verbalizar su sexo hasta reconocerlo pecador. El proceso, iniciado en el confesionario, acabará en el sistema médico y policial que "hace confesar".

(¿y el postre? [...] el secreto está en la carne, ¿verdad?, por eso no me quieres decir, ¿y el postre?.

Me he quedado callada.)

La mujer "confiesa su pecado". El deseo de entrar a formar parte de los "seres con derechos" se autorreconoce malo, pecaminoso... Aún hoy, en esa estela –esperemos que cada vez más lejana-, cuesta denunciar los malos tratos, la violencia doméstica porque la mujer se siente "culpable", traidora por no haber cumplido con "ciertas obligaciones" que le exige su sexo...

El racionalismo elaboró un modelo-patrón de mujer ideal: la perfecta casada, piadosa y devota, copia del modelo religioso que es la Inmaculada Concepción, cuyo culto extenderían los jesuitas. Frente al ideal, las brujas que empiezan a ser tratadas como enfermas en una época que "ha erradicado toda irracionalidad".

(y la cabeza congelada de Chucho en el centro. Una cereza roja adornaba su boca. Le hubiera quitado el rabito.)

Del confesionario, lugar donde se hace público el pecado "erotizando el espacio", en palabras de Varela y Álvarez Uría, se pasa al encierro: de la purificación del fuego al apartamiento social. Sacralizada la razón, todo aquello que no entre dentro de sus medidas es peligroso, hay que hacerlo desaparecer: la cárcel para el fuera de la ley, el manicomio para el loco, y para la mujer el hogar... Las mujeres quedan al mismo nivel que los sectores de población más desprotegidos, a pesar de revoluciones y declaraciones de derechos. Su lucha por la igualación jurídica y social será la misma que la de otros "esclavos" rebelándose contra su "amo", sólo que también es "esclava" del "esclavo". Doble cadena, pues, que irá marcando senderos en los cambios de la vida pública...

(Cierro tantito los ojos, para ver el rincón oscuro de mi celda. Jesús. En la tarde llegaba borracho y seguía tomando en la sala, solo. De noche, obligación de desnudarme, abrirme de piernas me perforó con un clavo mis labios y me puso un candado. No pude gritar.)

Mas, hoy hemos visto lo absurdo de una concepción unidireccional, fuerte de la existencia. El pensamiento excluyente es violento y anacrónico; sabemos que la ley es una convención que se acepta como marco circunstancial. Pero está la posibilidad de borrar, de rectificar, de corregir la ley que es de los seres humanos, de todos los seres humanos...

(Chucho no se acordaba de nada y Doña Lupe lo acusó. ¿No merecemos respeto las mujeres?)

...Como la escritura inventada por Thot. Pero sigue imponiéndose el miedo, la "tradición" que niega y castra la necesidad de hacerse preguntas. Como escribe Foucault, no siempre se sabe quién tiene el poder, pero siempre se sabe quién no lo tiene...

(Me asusté mucho [...] Quieta. El miedo. Mano derecha, puñetazo. Aplastó mi nariz. De espaldas al suelo recé un segundo no existir. Yo no lloré pero mis ojos sí. [...] ¡Ya no me pegues! ¡Ya no me pegues por favor! Me levantó del pelo, azotarme a la pared.)

Poco ayudan unas estructuras que mantienen un mundo caduco. Se ha observado la asunción teórica del fin de una época dogmática, pero no podemos decir lo mismo de nuestras acciones...

(Yo me mantengo desde hace dos años. Qué risa. Me valgo por mi misma. Qué risa. Soy libre. Silencio.

¡Eres una puta! ¡Una hija de la gran chingada!, oí que decía.

Y un gordito asfixiado. El infarto a la hora exacta)

Y está la educación como única esperanza: escribir aquello que queremos leer para que, al fin, nuestra voz salga del silencio de la página y se haga mariposas...

Este relato-metáfora es muy triste pero esperanzador. Triste porque la solución no parece poder ser otra más que la muerte, esa compañera inexcusable. Esperanzador, porque hay otra luz que alumbra como individuo con forma propia, no como sombra. Porque hay compañeros que esperan, porque hay una cocina "donde comen los sabios". Porque, quizás, sea posible una receta para invitar con amor a los amigos que acompañan en la fiesta de la vida...

(No le puse un dedo encima. Sólo le toqué el alma [...] Cuando abro mis ojos cada mañana veo el sueño [...] Mi casa es mía. La calle también. [...] No siento culpa ni arrepentimiento: no más Jesúses, soy muy feliz. Viéndolo bien, no es más que una receta de tantas.)

Mientras, escribamos, borremos, rectifiquemos, tantas veces como haga falta.

IMÁGENES URGENTES PARA VENCER AL OLVIDO

Pérez Carrió se enfrenta al texto con la delicadeza de quien sublima la tragedia en algo hermoso, aleccionador, imágenes urgentes que impedirán el olvido, que serán la memoria robada al tiempo. Recorro su obra como lo he hecho previamente con el texto de Armando Morón. Las imágenes crean mundos, crean espacios donde reposar, donde recobrar fuerzas, donde detenerse en la etapa peregrina para alcanzar, al fin, la meta: el corazón, ese órgano de razones poéticas, como lo llama María Zambrano...

1.- Sartenes, pocitos, jarritos y otras ollas. Lugares donde guardar secretos, lugares donde cocinar la vida, donde darle el punto delicioso que, como los besos, llene la boca de alegría. Lugares nutricios donde guardar o crear pócimas, donde buscar miradas y objetos para compartir. Comunión, lugar común. Compañero, quien comparte el pan. Objetos cercanos, sencillos, cotidianos, capaces de hacer de la existencia una obra maestra. Elementos para que la mujer cree Belleza en todos los actos que pueblan el día. Lugares que hacen etérea la materia, que enseñan a volar... Como la música de las brujas. Instrumentos sonoros donde la materia canta su canción...

2.- La receta. Sígase la luz de Venus; repárese en las medidas y los pesos; recuérdese que el amor no se puede medir; agréguese el convencimiento de que la estrella que brilla de noche y es el amor no roza lo solar, pero ayuda a unirse los cuerpos; mézclese todo, pues, de Venus. El hombre y la mujer hallarán su noche que es su amanecer; riéguese todo con el vino y las semillas de la ternura y nótese qué poco es cada ingrediente sin la ayuda del otro. Rocíese esta receta de toda suerte de esperanzas y sonrisas; dedíquesele el tiempo que requiere la cocción, sin prisas, el tiempo que desgranan los poemas: la naturaleza está esperando humanizarse...

3.- Una cocina arcoiris donde comen los sabios. ¿Ser femenina es aceptar el destino, segundo plano, ingrediente sustituible, declararse madre y esposa y quien ose transgredir la ley será castigado?, ¿ser hombre es no poder llorar ante lo hermoso, es la técnica, es el lenguaje que se impone, es la fuerza y la dominación? Tal vez decir "mujer" no implica decir "proscrito", ni para colmar los deseos que una mujer tiene de comer en la cocina de los sabios tiene que disfrazarse de hombre. Tal vez no se trata de perder lo que de luna tiene, sino de asumir que la "diferencia" parte de una distribución del cuerpo que genera una forma de mirar, de andar, de pasear, de volar... Tal vez se trate de un banquete en el que ser hombre y ser mujer queda anulado porque se habla de los seres humanos, en concreto y en absoluto; en absoluto porque ha partido del respeto a lo único. Quizás sea el arcoiris, esa suerte de colores unidos que regala la lluvia y la luz del sol, el puente que hay que cruzar para encontrarse... En el centro de la cocina, la luz dejará crecer el árbol del bien y del mal; el árbol que enlaza la tierra con el cielo y sobre el que cantan los pájaros en la lengua de los versos... Ceremonia sagrada en la cocina arcoiris que se ha hecho templo, lugar robado al bosque, espacio donde recuperar lo sagrado... Hay un gato observando el proceso: quizás esta cocina sea, como en los antiguos misterios, el lugar donde salir redimido, transformado, otro, el lugar de la resurrección...

4.- La llave de la cárcel. Una mujer cuyo cuerpo es un altar de sacrificios. En la cocina. Sobre su espalda, el cáliz donde se guarda, tal vez, la sangre mítica, la sangre primera, la sangre de su cuerpo. Las manos sostienen otro signo: el que exige que esas manos se expresen en actitud orante. Una mujer transformada en ara que, quizás también, permita el milagro del grano de trigo convertido en pan. Está en la cocina primorosamente colocada: todo rito exige un orden, exige unos pasos, exige unos signos. En la cocina. Quizás la llave de esta cárcel está en el poder que le dan sus manos orantes, su espalda sacrificial, su mirada plena. Quizás su cuerpo pueda ser otro cuerpo: el de una mujer que conoce la forma de romper la cáscara de la semilla para crecer en la dirección que crece el universo. Quizás la mujer sabe que esa llave está en su cuerpo de mujer desnudo, en su espalda que dejará de sostener el mundo porque será ella misma el mundo. La mujer esclava que se hace su propia llave: el camello de Nietzsche que brilla como el león, que juega como el niño... En la cocina, que es el microcosmos del cielo, allá donde se preparan las recetas de la vida...

5.- Medicinas y tisanas. Escribe Michelet en La bruja: "Todos los pueblos primitivos empiezan de la misma manera, como lo vemos por los viajes. El hombre caza y combate. La mujer piensa e imagina, engendra a los sueños y a los dioses; ciertos días se vuelve vidente, roza el infinito del deseo y del sueño. Para contar mejor el tiempo, observa el cielo, sin perder su interés por la tierra. Cuando joven y hermosa contempla las flores amorosas y las conoce muy bien. Más tarde, ya mujer, las utiliza para curar a aquellos que ama" (p. 29). Michelet habla de las mujeres europeas, pero sabe que el dolor y la alegría no tienen nacionalidad, ni sexo, ni nombre tal vez. Esta mujer del grabado, ataviada con un traje indígena, será de Méjico; pero es mujer, y eso quiere decir que su acción es de todas las mujeres. Las me dicinas y tisanas no preguntan la nacionalidad, el origen... Esta mujer del grabado me cuenta con sus ojos, con el ritmo de sus dedos, con su actitud cómo la naturaleza desconoce los idiomas, como el idioma es un invento que, a veces, en vez de unir separa... Esta mujer me dice que he dejado de ser europea hace mucho, que tal vez no lo he sido nunca: porque la justicia se refiere al mundo y no a los países... Porque la justicia no tiene fronteras. Porque esta medicina y esta tisana sirve para "curar" dolores que están más allá del espacio en el que una se ubica. Porque los griegos llamaban "fármaco" al veneno y al remedio; y esto es lo que sabe hacer la mujer del grabado: matar un pasado o un presente enfermos, sanar un pasado o un presente enfermos. Porque el humo va más allá de su medida... Como el viento.

6.- Zona residencial de Santa Martha Acatitla. Escribe María Zambrano: "...y entonces pregunté, no sé si a mi padre o a mi madre, si había que ser siempre lo que ya se era, si siendo yo una niña no podría ser nunca un caballero, por ser mujer. Y esto se me quedó en el alma, flotando, porque yo quería ser un caballero y quería no dejar de ser mujer, eso no; yo no quería rechazar, yo quería encontrar, no quería renegar y menos aún de mi condición femenina [...] pero quería hacerla compatible con un caballero y precisamente templario". O viceversa. Reposa la mujer, como en la mandorla mística, ella dentro de su universo, con las frutas y las ollas y la vida. Sentada, preñada de mundo, reposando y soñando frente al tedio y la soledad. Feliz. Plácida como una madre: sabe que de su cuerpo de mujer ha de nacer el universo entero; sabe que es ella la que, como la tierra, engendra. Y lo hace aguardando, tal vez sin contar porque su cuerpo cuenta por ella; tal vez sin medir porque su cuerpo es la medida; tal vez, tan sólo, con el cielo ante sí, como una hermosa página en blanco a la que las estrellas fueran dando palabras. La receta descartará, seguro, ciertos ingredientes "indigestos", porque ella mira al mundo y sus ojos aprender a seleccionar... Sin exigencias... porque se lo pide "el cuerpo", y no la tradición...

Marifé Santiago Bolaños.
En El Espinar, acabando marzo del 2000

Reseña 2:

Morón martínez, Tlilkówatl Armando
La receta.
Colección premios Max Aub de cuentos. 2000.

Ella está tranquila en su celda, no siente culpa ni remordimiento. Explotó de maltratos, pero ahora está tranquila. Antes de cumplir su condena la dejarán salir por buen comportamiento, y su casa será suya, y cambiará los muebles y las cortinas. Y cambiará la cocina. La cocina en la que, cansada y humillada, negada en su existencia, se refugiaba de su marido. Era el único lugar en donde ella reinaba. Decidía los menúes y preparaba los ingredientes.

Esa noche vendrán sus suegros a cenar y les tendrá un menú muy especial, y su marido formará parte de La Receta.

Jorge Viera.

Reseña 3:

Morón martínez, Tlilkówatl Armando
La receta.
Colección premios Max Aub de cuentos. 2000.

Tlilkowatl Armando Morón Martínez fue al mercado con su innome protagonista. Quiso preparar un guiso . Pidió un buen tajo de rencor, mechado de imaginación sádica, al que, posteriormente dejó macerar en el caldo de la humillación diaria. Consiguió también, por indicación de su yo-amiga, unas lonchas de feminismo adobadas por el más rancio rencor de amor compartido, partido, perdido.

Cocinó con arte; salpimentó abundantemente, con agridulce ironía. Dejo en coción el tiempo necesario para unir el pasado infame al presente de convencida victoria.

Todos en la mesa nos sorprendemos, ya antes del postre, de su triple venganza. Seguimos, sin enbargo, relamiéndonos con la prosa hasta el brindis final, al que se unirá, vuelta del pago de la mercancía, nuestra admirada narradora-autor.

Mereció el XIII Premio Internacional de Cuentos «Max Aub» 1999. Un menú irrepetible. Con mucho gusto.

Antoni Cisteró Garciacutea.

Reseña 4:

Morón martínez, Tlilkówatl Armando
La receta.
Colección premios Max Aub de cuentos. 2000.

DE LO QUE SE COME SE CRÍA

Comerse a la violencia, masticando con fruición cada trozo para digerirla sin problemas, es el fin de este relato. Si la violencia engendra violencia queda a juicio de cada lector. A través de una mujer maltratada psíquica y físicamente Tlilkówatl Armando Morón se adentra en la rica personalidad del mundo femenino.

Y es que sólo el espíritu femenino podría urdir una venganza a fuego lento que estalla en los estómagos de los comensales. Cuando mayor es el placer de la comida regada con alcohol mayor es el impacto de lo ingerido.

La maldad está en primer término. Es una semilla que nació en el suegro "aprende a tu nuera, no que tú pura sopa aguada", que se contagió a la suegra (se fue con su Jesús en la boca); y que se apodera hasta de la pobre mujer enajenada "la compasión es don de débiles".

Este es un cuento donde abundan las metáforas (vomitar al muerto/rechazo del hijo.....) y que transcurre de una forma lineal a través de una confesión/monólogo de la protagonista pespunteado por las débiles voces de los suegros y la presencia inmanente del marido que golpea una y otra vez desde el más allá.

La Receta un plato sabroso y bien condimentado, lástima que los convidados no estuvieran preparados para degustarlo. ¡Ojo al plato! Como dicen en España: de lo que se come se cría.

Jorge De Lorenzo.

Reseña 5:

Morón martínez, Tlilkówatl Armando
La receta.
Colección premios Max Aub de cuentos. 2000.

¿Puede lograrse expresar con palabras el sentimiento desgarrador de una mujer golpeada y humillada, hasta el punto tal de sufrir la colocación de un candado en su órgano sexual ?

¿Cabe la posibilidad de mostrar la injusta realidad de la oprimida( en razón de su sexo) del oprimido en un círculo infernal de mutua degradación para justificar una opresión omnipresente ?

¿Es posible entrar en el espíritu de esa misma persona poseedora de tan digna entereza que sobrevivió a tanta degradación ?

¿Puede imaginarse una revancha con un método tan singular y marcadamente femeninos ?

Sí . Tlilkówatl Armando Morón Martínez demuestra que es posible y no sólo eso si no que también puede estar muy bien escrito . Pues en "La receta" no hay lugar para la morbosidad ni melodramáticos golpes bajos; la historia se narra en un estilo fluido y elegante con la delicada y firme precisión de los cortes en juliana.

Sin ninguna duda Tlilkówalt Armando Morón Martínez es un muy distinguido "cordon bleu" literario cuyas marmitas tienen mucho y muy bueno para darnos.

Ricardo Gustavo Espeja.

Reseña 6:

Morón martínez, Tlilkówatl Armando
La receta.
Colección premios Max Aub de cuentos. 2000.

La receta nos trae a la memoria, inevitablemente, Como agua para chocolate de Laura Esquivel, aunque en el prólogo a este libro se digan sandeces como que Esquivel queda mal parada ante un libro que carece aun de redacción. La receta es un cuento cuya protagonista es una mujer en manos de un misógino que la hace matar a su marido, otro misógino, pero macho, y servirlo a sus padres en una cena como guisado principal. La originalidad brilla por su ausencia, la redacción es pésima, la idea es bastante estúpida desde este punto de vista, la de la mujer que actúa como hombre macho, el lenguaje vulgar a lo bruto. En fin, el cuento es tan malo que resulta inexplicable no ya que ganara un premio, que sabemos, no decide una institución, sino los jurados que lo votan, no, sino que fuera publicado un bodrio semejante, insulto a la inteligencia de cualquier lector acostumbrado a leer de vez en cuando

Janitzio Villamar.

Precio: 8 €
(IVA incluido)
Last Updated: domingo, 05 septiembre 2010 23:03
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