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Max Aub - Franciso Ayala. Epistolario 1952-1972.

Max Aub - Franciso Ayala. Epistolario 1952-1972.

Reseña

Ignacio Soldevila Durante
Max Aub - Francisco Ayala. Epistolario 1952-1972.
Colección Epistolario Max Aub. 1998.

Siempre hubo estudiosos que se afanan en sacar del olvido alguna faceta de la vida de un autor. Soldevila, en su recopilación y en el estudio preliminar que hace de «Max Aub - Francisco Ayala, Epistolario 1952-1972», pone de relieve la vida de cada cual, equiparándoles o oponiéndoles, según el caso, subrayando sus esfuerzos loables, relatando sus dichas o desdichas, pero lo más esencial es que ha sabido aprovecharse de un material valioso, único, para montar una obra especial que abre paso a una visión insospechada de la vida en el exilio de dos personalidades de la literatura española.

Este minucioso estudio de Soldevila desemboca sobre un resultado notable: es realmente una llave para penetrar los entresijos de estos dos autores y amigos.

Estas epístolas que reanudaron y estrecharon una amistad literaria y profesional que tuvo su origen en la Revista de Occidente en la preguerra, volvieron a colmar un vacío provocado por la guerra civil y sus viscisitudes. En su aspecto técnico, el libro representa ser un ciclo de correspondencia que se inicia el 30 de enero de 1952 (tiene como punto de partida la resolusión de un asunto de imprenta, que agradece Ayala a Aub). El mismo ciclo va a concluir 20 años más tarde, el 18 de julio de 1972 (cuando Ayala informa a Aub que iba a viajar a México, pero nunca conicidirán por la muerte Aub tres días antes de la llegada de Ayala). Sobre el conjunto de 141 cartas que forman el libro epistolario, Max Aub totaliza un número de 58 cartas (excluidas las perdidas), y Ayala un número de 83 cartas. De 1952 a 1954, sólo con cartas de Ayala porque no se conservaron las de Aub. Un mínimo de una carta y un máximo de ocho por año.

La segunda década (1961-1971) parece más prolífica con 101cartas y un récord de 14 cartas al año y con un mínimo de 4. Hubo años en que no se escribieron (1969), y años con carta única fechada del 19 de enero de 1959. Los años en que las cartas son más numerosas atestiguan de la actividad de ambos cuando tenían puesta en marcha la gestión de la impresión de una obra (como en el caso de la colección El escritor en la sociedad de masas de «diez piezas», por ejemplo, mandada a México el 20/05/1953 (p. 31). Esta obra excepcional -que no es ni recopilación de cartas propiamente dicha, ni novela epistolar, está fuera de clasificación. Tiene como particularidad reunir, de un lado, las cartas de sendos autores y del otro, el estudio de Soldevila Durante Ignacio.

No existe en ella ningún planeamiento que llevaría a una obra estructurada, sino que aparece una serie de informaciones prácticas (entre cartas y anotaciones). Tampoco podría decirse que se trate de unas crónicas, porque finalmente estamos ante una correspondencia particular, recopilada y anotada por un autor con lo que se recuerda la labor de Montesquieu en sus Lettres persanes (1734) y la de Cadalso en Cartas marruecas (1789).

El contenido de las cartas, a parte de alguna que otra petición personal para la tramitación de visados, es de asuntos mayoritariamente profesionales: platicaban sus autores sobre su creación literaria: prosa o ensayo, sobre las revistas en que publicaban artículos, sobre conferencias y viajes de trabajo; intercambiaban opiniones de lo escrito sobre exiliados. Se enviaban cheques y libros para imprimir, galeras para corregir; se quejaban también del exceso de trabajo y hablaban de su salud cuando uno de ellos se ponía enfermo. Hubo años en que se felicitaban el año nuevo y años en que no.

Es divertido observar la progresiva consistencia que toman los libros -a través de las epístolas- en el proceso de impresión, paso a paso, con o sin la lentitud burocrática, y con los debidos estados de humor de sus autores. Deslumbra la capacidad productiva de los dos autores lo que atestigua su total dedicación a su labor de escritores.

Los dos autores se apreciaban mutuamente y se mandaban libros para valoración recíproca. Ayala ferviente lector y admirador de su amigo, siempre febril a la hora de recibir algún escrito del que se haya enterado.

Aub apreciaba también las novelas de su amigo y como especialista no dejaba de sugerir pasarlas al cine o a la radio.

Son interesantes los cruces de información que transitan por las cartas, los más graciosos se representarían como una intertextualidad dentro de las epístolas: los mensajes de las esposas o hijas que transitan a través del propio correo de los autores para comunicar, (¡práctico el correo del papá!, -o del esposo-).

Estos documentos gráficos son un auténtico espejo del exilio porque vehiculan el ambiente literario fuera de España en aquellos años. Aparece en las cartas una apreciación del panorama literario de la época y se cruzan en ellas nombres de grandes de la literatura española, entre otros, Juan Ramón Jiménez, Ramón J. Sender, José Bergamín, Antoñio Buero Vallejo, Rosa Chacel, Camilo José Cela y críticos literarios como Enrique Diéz Canedo, Marra-López José R., Eugenio G. de Nora, junto con el cineasta español Luis Buñuel.

Un hecho destacado de este libro es la información que proporcionó Max Aub sobre su reconocimiento como primer poeta de la posguerra con la debida reedición de su Diario de Djelfa, 1970, libro en versos en que dejó constar sus vivencias en las carceles francesas (carta del 17-10-1970, p.176).

Las cartas son un reflejo auténtico de las andanzas de las personas. Si Max Aub se hizo sedentario en México de 1942 a 1972, Ayala ha sido siempre de mudanzas; pasó 5 años en Puerto Rico y se instaló luego 15 otros en Estados Unidos. Pero ésto no excluye que tanto Aub como Ayala se trasladaran por ciudades del mundo para asuntos profesionales y docentes.

Los membretes de las cartas dejan apreciar la huella de Francisco Ayala: de 1952 hasta 1957 estuvo en la Universidad de Río Piedras, o en la Editorial Universitaria de Puerto Rico, en Nueva Yord: en Bryn Mawr College, en la Universidad de Nueva York, en la Escuela de Graduados de Washington Square, y en la Universidad de Chicago, mientras Max Aub permanecía en México, calle Euclides.

Si mantenían el contacto postal, no pudieron coincidir en la vida, a parte de contadas ocasiones, porque sus compromisos hacían que se esquivaran todo el tiempo sin quererlo, a pesar de las ganas que tenían de verse.

Es muy útil para el lector la disección que hace Soldevila de la vida de los dos autores, el menor detalle que aparece en las cartas está referido en todos sus promenores, en las acotaciones. Cabe no olvidar que estamos, a fin de cuentas, ante el correo íntimo y amistoso de dos autores.

Esto nos lleva a confirmar el carácter excepcional que reviste la actidud de Soldevila por su implicación concretada por las numerosas acotaciones que acompañan cada carta y por la cuantiosa información que posee sobre ellos: lo sabe todo, sobre su vida profesional y familiar; ésto atestigua de la cercanía que hubo entre los tres; la menor alusión, la menor palabra subententida, el menor galicismo, el menor detalle gráfico está explicitado por Soldevila que se presenta realmente como el autor omnisciente que pisa los talones a sus protagonistas; así que nos encontramos con tres focos de importancia en el libro: Aub, Ayala y Soldevila.

Son también interesantes de subrayar las similitudes y divergencias, que esta obra pone de relieve en cuanto a los dos autores. Si algunas veces convergían, otras no. Es así que Ayala sintió la necesidad de dejar su patria para ir a América con su familia, pero Aub no se resistió a estar muy lejos de su lumbre espiritual, que lo quemaría fatalmente (p.9).

Si Aub siempre fue activo en México en el seno del PSOE, Ayala dejó la actividad política (p.15) y se hizo voluntariamente amnésico de la guerra civil y del franquismo (p.14). Aub, al contrario, nunca se calló y veintiséis años después de su liberación, denunció las fechorias del triángulo de la infamia «España-Francia-Argelia» (pp. 14-15). La resignación de Ayala lo ayudó a superar el desfase que supuso para él el cambio de la posguerra en España. La obstinación de Aub lo llevó a un trauma psíquico cuando en 1969 había regresado (p.13) para recibir el choque de su vida: se sentía más extranjero que en su exilio y experimentó que pasaba de un destierro a otro: la primera exlusión lo llevó a otras, sucesivas.

Aub como Ayala publicaron libros en que dejaron constar su diáspora: Hablo como hombre y Recuerdos y olvidos (p. 8).

El mérito de Max Aub-Francisco Ayala, Epistolario 1952-1972 como obra es que suscita la curiosidad por conocer las demás obras de los dos autores, hay una motivación que brota al contacto de este libro, -igual que la pasión suscitada por la lectura de una novela-. La complicidad entre los autores es tal que se despierta el afán por conseguir los libros aludidos, y el anhelo, por saber más, se instala.

Con el rigor científico que caracteriza todos sus estudios, Soldevila no deja de apuntar, señalar, subrayar, informar todo lo que se puede adelantar como pregunta o duda a los lectores y va más allá, porque incluso intuye la posible interrogación y se adelanta con una respuesta anticipada. Ésto confirma la complicidad del investigador con los dos grandes hombres de los cuales lo sabía todo. Se comprueba la ilusión de un verdadero ojo de cámara que desnudaría la intimidad, aunque formal, de los dos autores.

Esta obra asienta Soldevila como mayor estudioso, crítico e investigador, en su apasionante dedicación a la vida y obra de Max Aub.

Saliha ZERROUKI
(Facultad de Lenguas Extranjeras, Bouzarea - Universidad de Argel)
Mayo 2002

Precio: 22 €
(IVA incluido)
Last Updated: viernes, 30 julio 2010 04:16
Funcación Max Aub, 2010   Aviso legal