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No son cuentos. Max aub. 2004. |
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Reseña 1: Max Aub No son cuentos. 2004. Otros Títulos Publicados . 2004. No son cuentos, nueva edición de las narraciones de Max Aub aparecidas por primera vez en 1944 (México, Ediciones Tezontle), reúne ocho de ellas de diferente extensión, unas muy breves, de sólo seis páginas, como "Un asturiano", "Alrededor de una mesa" o "Tere sita", otras de extensión mayor, verdaderas novelas cortas, como "El Cojo" o "Yo no inven to nada". Diferentes también son los temas y los asuntos tratados en ellas, centrados fundamentalmente en la Guerra Civil , la mayoría, o en la guerra y en los campos de concen tración en Francia (Le Vernet d'Ariége) o de Argelia (Djelfa) en otros casos ("Manuel, el de la Font", "Yo no invento nada"). Todos estos cuentos, excepto "El Cojo", fechado en Barcelona, en 1938, los escribió Max en el exilio, sobre todo en México, dos de ellos incluso ("Cota" y "Manuel, el de la Font") en las difíciles y precarias circunstancias de los campos de concentración, lo que ya nos indica la pasión escrituraria del autor, su deseo irreprimible de dar cuenta de lo vivido por él mismo o de lo contado por otros compañeros del exilio. Francisco Caudet, buen conocedor de la obra de Max, en el interesante prólogo que precede a los cuentos (págs. 11-14), insiste con razón en el sentido del título general que dio Max a esta colección: no se trata de cuentos ficcionales, imaginarios, sino de cuentos "basados en experiencias reales [...] cuentos verdaderos" (p. 11), intención que el propio autor corrobora en el título del último de la colección, "Yo no invento nada", en el que relata la vida y la muerte de Carlos Yubischek en el tenebroso campo de Djelfa y la inhumana y sádica crueldad de los militares franceses que mandaban el campo, bastantes de ellos, según asegura Marie-Claude Rafaneau-Boj, condenados después de la liberación a penas de muerte y de cadena perpetua ( Los campos de concentración de los refugiados españoles en Francia (1939-1945) , p. 268). En prosa o en verso, "Auténticos, hechos, escenarios [...] Fui ojo, vi lo que doy [...] una vez más, cronista", nos confiesa el autor en Campo francés . O bien "todo cuanto en ellas se narra - se refiere a las poesías - es real sucedido" ( Diario de Djelfa ). Como Jorge Semprún ( El largo viaje , Aquel domingo , El desvanecimiento , La escritura o la vida , Viviré con su nombre, morirá con el mío ), Agustí Bartra ( Cristo de 200 000 brazos ) Manuel Andújar ( Saint Cyprien, plage ), Álvaro de Orriols ( Las hogueras del Pertús ), Michel del Castillo ( Tanguy ), Celso Amieva ( Almohada de arena , Poeta en la arena ), Teresa Gracia ( Las republicanas ), Arturo Esteve ( Búsqueda en la noche ), Silvia Mistral (É xodo: diario de una refugiada española ), Cecilia de Guilarte ( Nació en España ), J. Amat Piniella ( K.L.Reich ), Neus Catalá ( De la resistencia y la deportación) , Juan Rejano ( El jazmín y la llama ), Luis Bazal ( Poemas del exilio ), Eulalio Ferrer ( Entre alambradas ), y una larga lista que se haría interminable, Max Aub no sólo es, como ha escrito Juan Luis Alborg, "Nuestro primer novelista de la guerra" sino también uno de los principales narradores de esa literatura documental o testimonial, de indudable valor histórico, que podría denominarse "literatura concentracionaria", expresión de ese horro roso "universo concentracionario", como lo designó David Rousset en su impresionante obra L'Univers concentrationnaire . Un importante problema que se plantea en este contexto , muy discutido ya por los propios autores, es "cómo describir lo indescriptible" de los campos de concentración franceses o de los campos de exterminio nazis (Buchenwald, Mauthausen, Dachau, Ravensbrück ...), cómo procurar ser lo más veraz posible por medio de la escritura y cómo transmitir a la posteridad, de forma convincente, los horrores inconcebibles para una persona normal, las experiencias personales sufridas por Semprún en Buchenwald, por Amat Piniella en Mauthausen o por Max Aub en Le Vernet o en Djelfa, experiencias que con frecuencia "rebasan la capacidad humana de comprensión" y que "sólo se podrán comunicar a través de una narrativa que logre transmitir la irrealidad de esa experiencia real [...] la historia y la historiografía siempre acaban inexorablemente entrelazadas con la ficción", escribe Ofelia Ferrán ("El largo viaje del exilio:Jorge Semprún" en Manuel Aznar , ed. :El exilio literario español de 1939 , vol. 2, 1998, p.109). Creo que No son cuentos , en general en lo referente a la guerra y especialmente "Yo no invento nada" como ejemplo de "literatura concentracionaria", constituyen buenas pruebas del valor histórico, documental y testimonial de la literatura. Una prueba más de esa historicidad, si hiciera falta, es la reaparición de personajes en las diversas obras: Guillén, el comisario político de la compañía de "Cota", reaparece en Campo de sangre , el teniente Combs de Campo francés y d e Morir por cerrar los ojos , aparece de nuevo en "Yo no invento nada" o a Gravela, el "monstruo", el oficial ayudante del comandante de Djelfa, Caboche, en "Yo no invento nada", nos lo encontramos otra vez en "El limpiabotas del Padre Eterno" de Cuentos ciertos ; a él le "dedica" Max el sarcástico y furibundo "Romance de Gravela" en Diario de Djelfa etc. Algunos de los cuentos recogidos en este volumen son pequeñas obras maestras en su género, como "El Cojo", que defiende con su vida la tierra expropiada a su antiguo amo mientras la mayoría huye ante el avance de las tropas enemigas, "la mejor novela corta de nuestra guerra", en opinión de Eugenio de Nora, o la sobrecogedora historia de Carlos Yubischek en "Yo no invento nada", que nos da al propio tiempo una fiel imagen ambiental del infier no de Djelfa, o "Alrededor de una mesa", asombrosa estampa de la cobardía humana, en la que un cura denuncia en Barcelona, durante la guerra, a los que antes le salvaron la vida, los Fenoll, padre y dos hijos, que son sumariamente condenados a muerte y, después de confesarse con el delator, sabiéndolo ellos, ejecutados. Algunos de los cuentos que forman parte de este volumen constituyen, además, según Ignacio Soldevila , fragmentos "del abortado Campo francés novelesco" que Max preparaba y no llegó a concluir, después de dos intentos previos en dos géneros diferentes: como guión cinematográfico o creación híbrida entre novela y cine y como obra teatral (Morir por cerrar los ojos ). La importancia y el indudable interés de estos cuentos reside no sólo, como ya se ha indicado antes, en su valor testimonial y, por consiguiente, histórico, sino en que son "la base sobre la que está construido el universo literario de Max Aub", como afirma acertadamente Francisco Caudet en el prólogo, y algunas de las novelas del "Laberinto mágico", como Campo cerrado o Campo de sangre , "tienen su génesis [...] en 'El Cojo'" (p. 12). Su reedición en 2004, un año después de cumplirse el centenario del nacimiento de Max, es muy oportuna, prueba manifiesta de que no todo ha concluido al terminar los actos y las actividades oficiales y de que la recuperación y la reimpresión de sus obras sigue en marcha. José Rodríguez Richart Saarbrücken, Agosto 2004 Reseña 2: Max Aub No son cuentos. 2004. Otros Títulos Publicados . 2004. Realmente no son cuentos, en efecto. Son relatos en los cuales aparece el ser humano y sus desventuras en este universo miserables. Como fondo de todos ellos aparece la vida y sus guerras, el tiempo ingrato que Max Aub vivió y que retrata con escritura magistral en este sencillo volumen de 8 narraciones publicada para conmemorar el CI Aniversario del nacimiento de su autor y “con motivo del XII Encuentro de los Estudiantes con Max Aub que se celebró en Segorbe”. La edición de este tomo, hecha con muy gusto por Huerga&Fierro e incluida en su colección “Graffiti” es, pues, un amable homenaje al excelente narrador que fue Max Aub, cuya obra trata de difundir con buenos criterios la Fundación que lleva su nombre. En un amable prólogo Francisco Caudet nos viene a recordar que “Los cuentos de ‘No son cuentos' tienen, como las novelas de ‘El Laberinto Mágico', una base documental y una intención testimonial. Pero no por ello partía siempre Max Aub de sus propias vivencias; a menudo, se documentaba, rebuscando en libros y acudiendo a fuentes orales. Así ‘El cojo', tal como le había comentado a Paul Kohler, en carta del 1 º de julio de 1968, fue escrito al igual que ‘casi todo bajo la influencia de relatos de personas que tomaron parte en los sucesos'. Hay, en ‘No son cuentos', al menos una excepción: ‘Yo no invento nada', donde relata, como en ‘Diario de Djelfa', sus durísimas experiencias concentracionarias en el Norte de Africa”. ‘Yo no invento nada' es, por cierto, el cuento más amargo'. Total que tenemos unos relatos donde tanto las noticias conocidas como los hechos vividos forman parte, de una manera intensa, de un mundo abierto a todas las sensaciones, a todos los recuerdos. Max Aub aquí surge con el testigo de esa realidad y nos va dando cuenta de unos días amargos y de unas historias que sólo la crueldad de la guerra puede concitar. Y los relatos son:”El cojo”, una historia de crueldades y de ignominias, como todas las que produce una guerra incivil.”El Cojo era pequeño, escua´lido y todavía más parco en sus palabras que su consorte”; cuestiones de desarraigo, de cierto temor , de una burla cruel de las personas humanas y sus posibilidades y consecuencias. Diálogos ávidos de comprensión, componendas políticas ante la necesidad de defender unas ideas y unos métodos, todo ello forma parte de un entramado de algunas sinrazones que la violencia va urdiendo de manera terminal. En estas sinrazones se encuentran atrapados protagonistas como el de esta historia, con la carga de su familia a cuestas, con la incertidumbre alrededor de los días que quedan por vivir…Max Aub escribió este relato en plena guerra civil en Barcelona,1938. “La compañía tiene un fusil ametrallador que avanza en punta”: estamos en el relato titulado “La cota”, escrito en Vernet d´Ariege, 1940, ya en el inicio todos los exilios del autor. Es la historia de Guillén, quien “pienso que en el fondo lo que a él le gusta es eso: la guerra”, tal vez como hiel para quienes tienen en la guerra la inmensa profunda de su huída, de las sinrazones de su involuntaria expatriación. Es una literatura amable, lirica, musical, allí donde el autor recrea las palabras, profundiza en la psicología de sus personajes, de quienes merodean por la narración como si de una biografía de la infamia se tratara. “La guerra- leemos- la hemos hecho con las manos y honda, y cuatro bombas de mano por hombre; una ametralladora es una cosa demasiado complicada”. En Djelfa en 1942 Max Aux escribió “Manuel, el de la Font”, una historia de mediterráneos venidos al enfrentamiento, de hombres solitarios ante la incomprensión y la violencia, de desterrados cinismos…”Manuel, el de la Font, es el único que ha conseguido, a fuerza de hacerse el tonto, salir del campo y trabajar en una alquería cercana, donde una viuda le emplea”. Bueno, es la vida ante las circunstancias. “Un asturiano” habla de momentos victoriosos, de cuando la República leal puede transitar por la cornisa Cantábrica sin temor a los mafiosos, a los insurgentes. Es un relato corto, amable. Diálogos chispeantes, impregnados con el sabor de cierta alegría al borde una guerra no tan perdida, con personajes desenvueltos y temas de alguna inteligencia transitoria. La guerra fratricida no fue todo un agobio de sangre e injusticias. “Un asturiano” salió de la mano del autor de “El laberinto mágico” estando ya en México en 1944. “Santander y Gijón” data de Marsella, 1941. Se cuenta la epopeya de los que huyen, perseguidos de cerca por un barco fascista, de los temores a ser víctimas de esa cacería humana que son todas la guerras, de la angustia ante la escasa posibilidad de sobrevivir.”Toribio Mayans se calló un rato. Bilbaíno, hijo mayor de una familia obrera de Sestao; el padre socialista viejo; todos los hijos militantes. Toribio había sido más o menos un niño prodigio, con becas y pensiones; estudiaba en Valladolid cuando estalló la rebelión.Vicesecretario de las Juventudes Unificadas, dejó el cargo para ir al frente. Comisario de Brigada. Murió luego en el Ebro”. El relato bordea algunos episodios del enfrentamiento, de la amargura de no saber nunca cuál ha de ser el final y, el protagonista, remata diciendo: “-Nunca se sabrá se sabrá lo que pasó en el Norte”. También en México, 1994, escribió Aub “Alrededor de una mesa”. Aquí la religión, la vida y la muerte tienen escaso valor para algunos protagonistas de los tiempos trágicos en que la vida ocupaba todas las geografías y todas las conciencias. Siempre hay gente, gentuza, que juega con el honor de los demás, con ciertos temores, con la política como medio acomodaticio para lograr determinados resultados. El ser humano es sólo parte de un endiablado engranaje de violencias y miseria. La historia de “Teresita”, un/una combatiente valiente y con decisión, es un cortito relato que Max Aub imaginó en Cuernavaca concretamente el 12.9.43. Muchas cosas podemos aprender en él, sobre todo en torno a cuestiones como el arrojo, el valor, la decisión… La guerra produce protagonistas de este calibre. “¿Y Teresita?”, pregunta alguien. “Murió, como un hombre, en Gurs”, es la respuesta. “Yo no invento nada” es parte de la simulada biografía de un tal Carlos Yubischek, pero también de otros hombres que se ven abocados a la huida tras el drama de haber perdido una guerra, de verse en los campos de concentración, de esperar un futuro mejor en cualquier parte.”Carlos Yubischek, acostado sobre el cemento frío respiraba con dificultad. No veía las paredes del calabozo. Sentía, entre las suyas, la mano del médico, su compañero. Solía hablar alemán con él, que era berlinés. Lo aprendió en Dresden, donde trabajó unos años al huir de la policía de su país. A lo último había leído mucho con el tiempo que para esto le dio la policía francesa”. México, diciembre de 1942. Leo estos relatos de Max Aub en Posoltega, una localidad del noroeste de Nicaragua donde el huracán Mich produjo cerca de tres mil muertos y desaparecidos en 30 de Octubre de 1998, cuando las fuerzas desatadas de la naturaleza dieron lugar al deslave del volcán Casita y una andanada de barro, azufre y lodo fue arrastrada con una violencia inusitada sobre tierras y haciendas durante toda la noche, desgarrando una zona ya de por sí castigada por el hombre y las inclemencias. Surge el recuerdo trágico de cómo el ser humano, cuando la naturaleza no se enfurece, es capaz de crear conflictos y guerra para acabar con lo único que tiene el ser humano, la vida, como son las enfrentamientos entre hermanos, las agresiones injustas y la innecesaria violencia para conquistar ¿qué?. Manuel Quiroga Clérigo Managua, 26-7-2004 |
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