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XI Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 1997 |
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Negrita con diamantes. Fernández de la Sota, José. 1998. (Internacional) Reseña 1 José Fernández de la Sota. Negrita con diamantes. Colección premios Max Aub de cuentos. 1998. El autor, conciencia de un protagonista que no merece tal nombre, va recordándole sus insignificancias con olor a moho, a ron de garrafa y semen, a sudor y tabaco barato, retahila de instantes sórdidos en los que el lector, en vilo, teme verse reflejado. Se supone que él oye, no que escucha, esta voz interior, mientras se va hundiendo inexorablemente en el azar ; azar gallináceo que sólo aspira a pagarle la última copa, que no pretende salvarlo del marasmo ni salpimentarle la vida con un veinteavo diamante. «Él » –nuestro interior nunca nos llama por el nombre- es amorfo vegetal, ni carne ni pescado ; un ludópata de tres al cuarto igual a veinte diamantes como objetivo vital. Hombre sin nombre, zoquete de listón bajo, con retraso en todos los trenes a los que no subió, tiene, tenía, un padre-reverso que trabajaba, luchaba en la vida y en la guerra, decidido, sin temblar, sin oficio, sólo armado con su dignidad. Padre que olvidó, al que ni tan sólo enterró, y ahora utiliza. Por no llegar no empezó a andar, inmóbil entre el cero y los veinte diamantes, regados de cubata. José Fernández de la Sota, el autor de Negrita con diamantes, con un depurado estilo que para si hubiera querido el juez del proceso cafquiano, va cercando al hombre, le va arrancando a jirones sus mezquinas miserias para ponérselass ante los ojos, para hacerle sudar, temblar, una vez más, hasta requerir un último negrita que el azar sazonará de fatalidad. Estilo opresivo, asfixiante, que no nos permite dejar la lectura hasta el poster temblor, con el alivio de que el autor, faltaría más, no se ha fijado en nosotros. ¿O sí ?. Antonio Cisteró Reseña 2 José Fernández de la Sota. Negrita con diamantes. Colección premios Max Aub de cuentos. 1998. Correspondiente al XI certamen, la obra ofrece ya desde el arranque a un personaje obsesionado con la colección de diamantes, pero no unos diamantes cualquiera, se trata de esas gemas efímeras que, alternando con corazones, tréboles o picas, se ofrecen rutilantes y cantarines a esos enfebrecidos buscadores de fortuna que culminan su obra enlazando el mayor número posible de estas cotizadas piezas en lo alto del marcador de la inevitable máquina de azar. Con la propia monotonía con que la máquina engulle pacientemente las monedas, el autor desgrana la lenta decadencia del joven protagonista, evocando un pasado opaco y plano hasta que, abandonado de todo y de todos, inicia el descenso por una peligrosa pendiente que le lleva al vacío, atento tan sólo a obtener cuantos más diamantes mejor. Algo parecido a lo que le sucede al bello Zbigniew Cybulski, también conocido el James Dean polaco –muerto como él prematuramente en un accidente-, en la magnifica película de Andrej Wajda, "Cenizas y diamantes" (1958). Aparte de la similitud de los títulos, que sin duda ayuda a relacionar las obras, si en la novela es el propio juego de ruleta el que provoca el embrutecimiento moral del actor, en el film es el conflicto bélico el que trasforma al protagonista de ser un líder de la resistencia polaca hasta acabar como abyecto brazo ejecutor del jefe del partido obrero, y que, simbólicamente, acaba en un vertedero de basuras. En ambos casos la narración se halla impregnada de un cierto romanticismo, muy alejado del tono moralizante y pueril al que se nos tiene acostumbrado, antes bien de signo pesimista y dotado de una gran lucidez, apareciendo los personajes con una fuerte carga de complejidad psicológica. José M de Jaime Loren. Reseña 3 José Fernández de la Sota. Negrita con diamantes. Colección premios Max Aub de cuentos. 1998. Un hombre llegado a la mediana edad, en esa etapa que Dante llamó "en medio del camino de la vida", realiza una dolorosa revisión de su existencia. Vida plagada de errores y frustraciones en todos los planos. Fracasado estudiante de derecho, fracasado amante de un novia que lo abandona por otro amor, adicto al juego y al alcohol. Y es un hecho puntual inmoral, ocultar la muerte del padre para seguir cobrando su pensión, lo que lo lleva a realizar este balance deficitario, donde no faltan los gruesos adjetivos que pautan su conducta: vago, miedoso, aburrido, según su propia definición, inconstante, antojadizo y flojo, en opinión de su padre y su novia. Subyace en todo el relato un paralelismo que el personaje hace entre su vida y la del padre. El padre fue a la guerra y era un buen tirador, se mataba trabajando, era serio y poco hablador; mientras que él no pasó de un simple recluta que en el manejo del fusil constituía un fiasco, sin hábitos de trabajo, y un vicioso. Esa constante referencia al padre nos muestra uno de los aspectos más interesantes de la compleja personalidad del personaje: la contradicción. Lo admira por un lado y lo critica constantemente por otro. Reconoce que su padre se mataba trabajando, y lo elogia cálidamente por estar seguro de que no mató a nadie en la guerra. Pero también le reprocha no haberle enseñado a matar, y cómo se debe amar a una mujer. Por otro lado se muestra violento, al aceptar que hubiese aniquilado, de saber hacerlo, al hombre que le robó a su amor; sin embargo realiza una encendida arenga pacifista, al criticar la guerra de Vietnam, y todas las guerras, cuando afirma que ..."son siempre los mismos quienes tejen la trama, y los mismos incautos recentales quienes ponen la piel en el telar". Capaz de mirar un documental de National Geographic denunciando una matanza de renos en Siberia, y también desear ser un participante en un banal concurso televisivo. Lo suficientemente sin escrúpulos como para enterrar clandestinamente a su progenitor, y que siente pavor a ser descubierto, pero no por temor al justo castigo del cual es merecedor, sino por miedo a hundirse en la miseria; y paralelamente lo bastante honesto como para acusarse por la injusta muerte de su hermano, y desear haber sido él quien condujera aquella moto de noventa caballos. A estas alturas del análisis debemos y necesitamos preguntarnos ¿es tan abyecto el personaje como intenta mostrarse? Y, sin dejar de lado todos sus enormes defectos, llegamos a la conclusión de que no lo es tanto. No ha perdido la conciencia. Aún no ha llegado al último estadio de la degradación moral. Allí donde el análisis de nuestra propia conducta no es posible, pues se arribó a ese estado animal donde lo único que interesa es la satisfacción de las necesidades primarias. No es su caso. Se sabe un fracaso, y confiesa que suya ha sido la culpa. Reconoce haber tenido oportunidades, y haberlas desperdiciado todas. Tampoco cae en la postura fácil de echarle la culpa a los demás. Al final del relato se burla de esa especie de "solidaridad": "es muy consolador compartir las miserias, esparcir el estiércol, repartir la podre que podría cegarnos la conciencia". Nos queda al término del cuento, la sensación de algo inconcluso. Como si el autor hubiera querido dejar librado a la imaginación del lector, cual será el destino de ese hombre. Este lector cree que el personaje puede haber tomado como suya, la interpretación que de los versos del Dante hizo Rubén Dario, cuando nos dijo, "en medio del camino de la vida/ dijo Dante. Su verso se convierte/en medio del camino de la muerte". Pues la muerte es una idea obsesiva y constante en todo el relato. Ya dijimos que es el fallecimiento del padre y su muy deplorable conducta, el detonante que lo lleva a esa amarga reflexión sobre su existencia. Pero agreguemos que es el accidente del hermano, del cual se acusa, el hecho más doloroso de su vida. Superior incluso al dolor por la pérdida del amor de Virginia, el deceso de su progenitor, no haber terminado su carrera, y todas sus demás frustraciones. Y no dejemos de lado su recurrente fatalismo, que nos lleva como de la mano a seguir recordando aquellos versos del poeta nicaragüense: "y no hay que aborrecer a la ignorada/ emperatriz y reina de la nada/ por ella nuestra tela está tejida/ y ella en la copa de los sueños vierte/ un contrario nepente ¡ella no olvida!/" Cuánta similitud conceptual con lo que Fernández de la Sota pone en boca del personaje: "...la vida.... pende de un delicado hilo de estambre, unas veces más largo, otras más corto, pero siempre sutil y quebradizo". Por todo esto consideramos que su final será el suicidio. Pero no la clásica auto eliminación, siempre trágica y violenta, sino aquella elegida por tantos, traducida en una conducta despiadada consigo mismo, que provoca una destrucción lenta y progresiva. Nos parece ver este final insinuado en dos importantes pasajes. En uno confiesa que de todas las formas que podría haber elegido para matarse, eligió... "matarte al desgaire, mansamente, sobando la baraja de una timba amañada... Matarte". Y en otro nos dice que.. "es cómodo morirse cómodamente, a plazos, sin sentirlo.." Al salir del bar, se le vino la noche encima. Más no la provocada por el sol al ocultarse, sino la triste noche del alma. Aquella que llega cuando un ser se percata que ha perdido todas las oportunidades, y no le queda ninguna esperanza de la cual asirse. Darcy Rodriguez García. Reseña 4 José Fernández de la Sota. Negrita con diamantes. Colección premios Max Aub de cuentos. 1998. ¿Es posible describir la abyecta frustración de alguien que sólo busca como áncora de salvación una tragaperras y unos cubatas como chaleco salvavidas? Sí y Fernández de la Sota lo hace con maestría. Tras la búsqueda empecinada, digna quizá de mejor causa, de una línea de diamantes dibujada en una pantalla; pasa toda una vida "tibia", esa tibieza condenada en el evangelio, precisamente por entrañar una maldad infinita. Tanto como dejar agonizar a su padre y enterrarlo en la nieve, para obtener unos cuantos duros (en ese tiempo no estaba el euro) de una mezquina pensión y así omisiones y cobardías encadenadas en una sucesión sin final. Y un miedo omnipresente, que si la nieve se ha derretido, que perderá la pensión, que se verá tanto o más pobre que los pregoneros de "La Farola" y muchos más etcéteras. Esa misma tibieza que le hizo distraerse y perder los diamantes ganados y dejar hasta la última "perra" para pagarse los cubatas de ese día. Cubatas de un ron (el Negrita) que traducido en la "escala de los vinos" no pasa de ser un aceptable tintorro peleón y donde flotan puros y diáfanos cubos de hielo. Reitero Fernández de la Sota escribe con magistral estilo una formidable prospección en el alma de un tibio, inepto hasta para considerarse perdedor porque eso requiere la valentía de enfrentar al fracaso. El autor pulió su relato como a un diamante y el resultado es uno de muchos quilates. Ricardo Gustavo Espeja. Reseña 5 José Fernández de la Sota. Negrita con diamantes. Colección premios Max Aub de cuentos. 1998. En segunda persona, el narrador le habla al protagonista del asesinato de su padre y sus miedos a que sea descubierto el cadáver, enterrado en la nieve. Las razones siempre permanecen semiocultas, no hay conclusiones ni claridad, parece el proceso de pensamiento del asesino, que no fue bien educado y tuvo problemas en todo sentido, particularmente en los coitos precoces. Al final, se quedará con la pensión, la casa y el carro de su padre que, como no sabía manejar, seguramente lo había comprado para él, lo que suena a autoconvencimiento. El título se debe al nombre de un ron “Negrita”. Los diamantes seguramente son los hielos. Según la autora del epílogo, el protagonista se habla a sí mismo, de allí el uso de la segunda persona, aunque podría no ser el caso. Janitzio Villamar. |
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