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VII Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 1993 |
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Una larga jornada. Benzo Sainz, Fernando. 1999. (Internacional) Los largos sollozos. Martínez Veza, Gemma. 1999. (Comarcal) Reseña 1 Benzo Sainz, Fernando Una larga jornada. Colección premios Max Aub de cuentos. 1999. El "Hotel Paraíso". Dos breves palabras para definir desde un buen principio, con rotundidad y sarcasmo, el concepto básico de esta narración, la única idea real sobre la que va a versar todo el relato: El matrimonio y la vida en pareja. De una manera desenfadada y por medio de un lenguaje eficaz y sin adornos, Benzo nos va llevando de la mano a través de los intrincados caminos de un simbolismo ágil y desenvuelto, haciendo variadas y forzosas etapas en las que los lectores acompañaremos a los personajes y nos detendremos a meditar en los verdaderos propósitos del narrador. Desde el palco privilegiado de la tercera persona, el autor, al cual se le intuye parcial y vinculado, nos presenta a Laura y a Emilio, marionetas en éste su particular viaje por una serie de aburridos y repetitivos vericuetos. Veremos que el aspecto alegórico de esta historia juega un acusado papel, siendo todo la crónica un callejón sin salida por el que el narrador omnisciente, pretende hacernos circular, a la par que a los protagonistas, y caer en sus propias trampas. El letrero del "Hotel Paraíso" con su fulgor rosa y deslumbrante nos introduce, lentamente, en una realidad que no es lo que parece. La fascinación del principio de la relación, el riesgo, el sabor de la aventura, el creer que podremos superar una deprimente habitación, con su decoración de mal gusto y su vulgar fisonomía... Todo ello, realidades que nos envuelven como a Laura y a Emilio y que, como ellos, creemos poder obviar, superar e, incluso, combatir con el poder del amor. "Estamos de luna de miel. Nos casamos ayer(...)" En esta descripción reiterada y deprimente del cuarto del motel de carretera, Benzo nos está representando la vida misma, la cotidianidad, la cara más prosaica y vulgar del día a día, esa misma que sólo se puede superar con una importante dosis de imaginación. "Aquí vienen muchas parejas de recién casados. Muchas, sí, señor. Pero no todas. Unas vienen y otras no. Y nunca se sabe porqué unas vienen y otras no(...)" Estas primeras frases, dirigidas a la pareja por el recepcionista del motel, son la síntesis, el resumen de una historia que discurre por canales sobradamente conocidos, los de la monotonía. Y aunque Benzo nos proporciona una visión de la realidad en pareja un tanto fatalista, ese mismo párrafo nos ofrece una salida airosa, una especie de bocanada de aire fresco, una esperanza velada. No todos seguimos los mismos caminos o tomamos idénticos atajos. El matrimonio no siempre es un espejismo o una carretera con análogo final. Podríamos decir que, el cuento, se encuentra dividido en tres partes, tres etapas importantes del camino, de la trayectoria de Laura y Emilio. Hay un primer momento en que el autor nos dice: "Laura miró a su marido -le encantaba pensar en él como su marido(...)" y "( ...) a él le encantaba también la expresión su mujer(...)" Con estas frases nos sitúa, claramente en el principio de la relación, ese momento en el que todo lo del otro es maravillosos y además nos pertenece, y lo que no es maravilloso, a golpe de cariño, lograremos cambiarlo. Es ese punto en el que hacen el amor, repetidamente por las noches, sin importarles el entorno, los ruidos o la incomodidad. Todo es de color de rosa, como el motel, y ante ellos se abre un futuro perfecto y largamente acariciado. Pero el matrimonio es un material sensible y, cuando lo adquirimos, cuando entramos en él, resulta que nos llega sin manual de instrucciones, sin anotaciones al margen. Laura y Emilio pronto se verán perdidos en un mar de carreteras en las que nadie sabe decirles hacia dónde se dirigen. No hay rótulos ni indicaciones, ni gasolineros amables que les puedan orientar. Llegamos, entonces, velozmente, a la segunda fase, la del desencanto y el aburrimiento. Las palabras de ambos cambian y cambian los conceptos: "(...) su marido le sonaba a algo viejo, algo largamente conocido, provocándole más un sentimiento de seguridad que de emoción(...)" y "(...)su mujer, algo unido a él de un modo permanente, una agradable y deseada carga que estaría a su lado el resto de su vida(...)" Es el momento en que hacer el amor comienza a transformarse en algo rutinario, un puro trámite que solventar. "Fue algo rápido y apenas reconfortante y a ambos les alegró que terminase." El paisaje ha dejado de ser verde, tonificante y prometedor para transformarse en algo monótono y sin ningún interés. El día muere de nuevo en el "Hotel Paraíso" aunque la misma palabra sea una sutil y evidente ironía. La tercera y última parte del relato nos viene marcada por el hastío y la decepción. Comienzan las peleas, las riñas. El mal tiempo emborrona el panorama y a estas alturas ya todos sabemos que les va a deparar el viaje: la misma gasolinera, el bar de carretera y la ausencia total de indicaciones para proseguir su camino. Todo ha cambiado. Para Emilio "(...) la palabra esposa le sonaba a algo infinito, algo que siempre estaría a su lado (...) como una jaqueca o un dolor de muelas(...)" y para Laura "(...) decir marido era hoy como decir pared o muro o barrera, algo que impide avanzar(...)" Hacer el amor deja de ser algo excitante para devenir en un mero ejercicio aeróbico, una obligación con la que hay que cumplir: "Fue algo parecido a un trámite." Laura pasa a ser "una aburrida para el sexo" y Emilio "un bruto en la cama". Ya no representa sorpresa alguna saber cómo concluirá el cuarto día de viaje. La botella de vino, el adulterio y la separación de los caminos se imponen como única y fatalista resolución, todo ello ante los ojos del recepcionista, personajillo aleatorio e insignificante pero que, sin embargo, esconde el secreto mejor guardado. Como un dios incierto y clarividente, parece amagar en su enigmática sonrisa la infinita sabiduría, el don de la infinitud, el de manejar los hilos pero, al mismo tiempo, el del libre albedrío: "Es como cualquier otro problema (...) Hay quienes encuentran la solución, pero también los hay que no la encuentran jamás." Al final, la realidad más dura se impone: "Los dos conocemos la única manera de irnos de aquí para siempre". Como si el autor tan sólo viera una salida, como si el cruce de carreteras hubiera de conducirnos a todos hacia el mismo torbellino de monotonía y predestinación. Del lector depende, al concluir el relato, decidir si está de acuerdo con esta visión sesgada de la vida y el matrimonio, o prefiere tomar un rumbo diferente. Darle una oportunidad a la imaginación, a la originalidad. Experimentar la existencia y la vida en pareja como algo maleable, único y cambiante. Queta García. Reseña 2 Martínez Veza, Gemma Los largos sollozos. Colección premios Max Aub de cuentos. 1999. Este cuento de Gemma Martínez Veza versa sobre un tema recurrente: La Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias. Y aunque los hechos que nos plantea sean para todos de sobra conocidos, ella nos acerca el fenómeno de un modo inmediato, personal, casi familiar. Nos ofrece el conflicto dentro del conflicto. Aquel mismo que se debate dentro de cada una de las personas que ha pasado por una experiencia de tamaña brutalidad. Y no se detiene sólo en las consecuencias más inmediatas y evidentes como pudieran ser el hambre, los bombardeos, la misma muerte, sino que en su relato afloran aquellas derivaciones de cariz más profundo, las que, realmente hieren y tocan el alma humana: el terror a ser descubierto, la lejanía de los lugares y las cosas conocidas, la pérdida de los amigos, los familiares, la libertad... Cuento de corte realista y ambiente claustrofóbico, desde el principio nos coloca ante una realidad agónica por medio de un lenguaje caótico y desordenado, en ocasiones, algo distorsionado como la misma situación. El hecho de estar escrito en primera persona nos acerca, más si cabe, a una protagonista anónima que tiene mucho que decirnos y a la que estamos dispuestos a escuchar. La historia discurre de atrás hacia delante, en una progresión a la inversa que será la que marque las pautas del relato. En una primera fase que podríamos denominar, la del pavor, vemos como la relación entre las dos hermanas se perfila como un nudo estrecho, meollo de toda la narración, una crónica que se nutre de recuerdos, plagada de recuerdos. En esa primera etapa que hemos denominado "del pavor" encontramos elementos, estrechamente entroncados entre si, que nos evidencian el momento de tensión, la crudeza de la situación. Así, los soldados, las cloacas, las ratas del túnel, la verja cerrada y lo que queda más allá... Todo ello, conceptos que provocan angustia, que ponen de manifiesto esa profunda agonía experimentada por las protagonistas. Al mismo tiempo se crea una atmósfera agobiante, de intranquilidad: "Las provisiones que habíamos conseguido reunir, se habían visto disminuidas(...)" "(...) los niños suplantando a los mayores en ciertos momentos (...)" "(...) el temor de una nueva llegada de las SS." "(...) soldados a paso de carga(...)" "(...) trajes militares merodeando por las cercanías(...) aviones de asalto (...)" "El sonido de las ametralladoras se dejaba oír a través de la noche en varios puntos. La multitud se agolpaba en las viejas escaleras(...)" . Un clímax pergeñado con un ritmo lento y, a la vez, de una forma explícita, sin dejar demasiado espacio al simbolismo o a la figuración. En una segunda parte del relato nos encontramos con los recuerdos. El rescate en ambulancia permite a nuestra protagonista recorrer, de nuevo a la inversa, las calles conocidas, los lugares comunes, los rincones de un pueblo que apenas reconoce. Es aquí, en este impás, donde aflora la verdadera crónica, la que realmente nos interesa porque no la conocemos. No la de los hechos de una guerra que se encuentran en todos los libros de historia, sino el testimonio de una vida propia, una vida ajena para el lector. Así descubrimos a François que se encargaba de repartir los periódicos, a Mlle. Girafe, a Sophie... Participamos de los juegos de niñas, del verano paseando por el prado de amapolas, de las adivinanzas, de los cuentos... Conocemos al papá español, típico y mediterráneo, y a la mamá francesa también típica y asociada a menudo con la cocina y los menús entrañables. Es curioso como el recuerdo de las galletas recién horneadas, el pastel de queso, el plato favorito, se identifica con el nexo de la familia, con el calor de hogar, mientras que cuando la realidad se torna brusca y desabrida, la falta de esos manjares determinados se hace más presente y notoria, ya no por la obligación natural de nutrirse, sino como algo íntimo, más relacionado con el mundo del espíritu que con la propia necesidad de alimentarse. "Aprendí, por los comentarios que se hacían en casa y en las calles, un nuevo vocabulario indigno de conocerlo, el bélico (...)" Con el comienzo de este fragmento damos por finalizada una etapa, la de la niñez, y retomamos la historia en el punto donde la dejamos: el presente real de las hermanas. Regresamos al conflicto bélico y términos como: "(...) ametralladora, potencias del Eje, Gestapo, Hitler, secciones de asalto, las SS (...)" nos retrotraen a un mapa sobradamente conocido, el del refugio y las penurias de la guerra. El relato se emborrona entonces con la abundancia de detalles y con un colofón, a mi parecer, un tanto precipitado: La desesperación del sueño, el alivio al despertar y la esperanza final a modo de moraleja: "Detrás de cada montaña siempre hay un lugar en donde crecen amapolas." Queta García. Reseña 3 Benzo Sainz, Fernando Una larga jornada. Colección premios Max Aub de cuentos. 1999. Una larga jornada, de Fernando Benzo, es una muy instructiva y bella parábola del amor. El escritor logra convencernos de que, para una pareja que empieza la vida conyugal, lo mas importante es que ambos puedan reconocer el camino exacto que deben tomar cuando los senderos de la vida se bifurcan y que, un error u omisión, les volverá al inicio del viaje matrimonial confundidos y frustrados. O sea que cuando se desorienten y se vean obligados a regresar al punto de partida, y en vista de que nadie les podrá señalar el rumbo, cada cual tratará de culpar al otro por la desorientación de ambos. Desorientación que les obliga una y otra vez, a volver al mismo y desagradable lugar en donde empezaron: en la parábola un hotelucho inmundo en el camino en donde no obtienen información alguna en cuanto a su periplo nupcial. En una mala relación amorosa, por corta que sea, nos dice Benzo, la jornada es siempre larga y los ratos de felicidad tan cortos que inmediatamente se olvidan. Ya lo dijo Pablo Neruda en 1924, cuando publicó sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada: Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Es original este estilo parabólico de Benzo. Lo aplaudo y admiro. Eudoro Silvela Abril, 2002. Panamá |
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