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IX Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 1995 |
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Más fundido en negro. Abad Agustín, José Florencio. 2000. (Internacional) Los cinco minutos. González Borrás, Carme. 2000. (Comarcal) Reseña 1 José Florencio Abad Agustín Más fundido en negro. Colección premios Max Aub de cuentos. 2000. La metaliteratura es una rama entera de la disciplina literaria, mucho más importante y menos lúdica de lo que muchos piensan. Sus orígenes van más allá de la rala posmodernidad donde algunos intentan encajonarla y podemos encontrar rastros en los mismos orígenes de todas las artes relacionadas con la palabra. Mientras que en otras artes o ciencias se considera saludable que los practicantes reflexionen sobre los límites de su arte, en literatura la autorreflexión dentro de la misma obra sobre el concepto de escritura ha estado indebidamente asociada a términos como facilidad, superficialidad o carencia de contenido, confundiendo en ocasiones metaliteratura (escritura sobre sí misma, mirada reflexiva sobre el propio acto, como en el monumental El mono gramático de Octavio Paz) con intertextualidad (escritura sobre otros escritores, o sobre el hecho de escribir en general). Hay una afortunada metáfora: el protagonista del relato (que a su vez lo es de uno de los libros del autor) se refiere a este como "Papá", el cual llama "mamá" a la máquina de escribir. Dejando de lado la elección de los sustantivos, que pueden dar una falsa impresión de tono menor o infantil, lo cierto es que la imagen es hacedera y aguda: el escritor como portador de la simiente creativa, la máquina (o el ordenador) como madre recipendiaria de la misma e instrumento físico del nacimiento y educación del texto. El argumento puede recordarnos a otro relato metaliterario clave de la modernidad: la novela Niebla, de Miguel de Unamuno. Hay varios elementos de contacto: la rebelión de un personaje, Esteban, que intenta (nunca mejor dicho) "escribir su destino" escapando a los designios del creador, y la posterior imposición de la voluntad de éste a través del más tajante de los medios. E. M. Forster, en Aspectos de la novela (1927) distingue los personajes redondos de los planos, aludiendo a estos últimos como aquellos convencionales que intentan soportar las tramas menores de la obra. Por cuanto Abad Agustín ha tomado como personajes a personajes de libros ficticios, cabe decir que lleva a cabo el ambicioso intento de hacer personajes redondos con los planos, lo que consigue con Sabina, el rebelde, pero no con otros secundarios, como Frothario o el desigual boxeador Feliciano, cuyo lenguaje quizá no sea el más adecuado para llevar el peso de la historia. No obstante, ésta es buena y se sostiene por sí misma, ganando en intensidad al final, donde las dos tramas paralelas (la del cuento y la de la novela donde transcurre la batalla por el control de la escritura) nos hace recordar al Ricardo Piglia que dijera en Formas breves (2000) que "todo cuento cuenta dos historias". La de la novela Fundido en negro no es muy destacable; la del cuento de Abad Agustín Más fundido en negro, sí. Vicente Luis Mora Reseña 2 Carme González Borrás Los cinco minutos. Colección premios Max Aub de cuentos. 2000. Es éste un cuento excelente, un relato donde el hecho mismo de narrar y de creación literaria reivindican su justo estatus de libertad, a partir de una de las artes más elementales y a pesar de ello olvidadas por nuestra reciente narratividad: hablo de la observación. Philip Roth decía que "la realidad está superando continuamente nuestro talento, y la cultura lanza casi diariamente personajes que son la envidia de cualquier novelista"; el talento de un narrador puro está en un cincuenta por ciento en su propia actividad inventiva, pero el otro cincuenta se halla en la observación de esos hechos o personajes que gratuitamente nos brinda la realidad y que suelen ser obliterados o dejados al margen de la recuperación textual. No ha cometido ese error Carme González Borrás, que ha situado a un personaje anónimo (que bien pudieran ser sus ojos) en una estación de trenes, donde la observación pura le ha brindado el hallazgo de una mujer inmóvil dentro del tráfago de viajeros. En ese momento se produce la ensoñación, el instante donde la creatividad ordena sus materiales a partir de los regalados por la vida y se elabora el tejido argumental, en este caso el plausible viaje de vuelta de esa mujer al pueblo de origen. Ahí está la almendra de la narración y, queremos destacar, su justificación como tal. Un hecho repentino acontecido en la realidad da la vuelta a la narración: "y mi película volvió a ser aquella estación ruidosa, donde una multitud de hormigas iba y venía en un andar calculado y científico" (pág. 30). Termina el cuento, sí, pero comienza otra observación. A veces una verdad tan simple como esta se olvida por una generación entera de escritores durante años. Vicente Luis Mora |
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