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IV Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 1990

IV Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 1990

El hombre que se trajo a Extremadura una cubanita como llovida del cielo.
Fernández Arias, Emilio. 1999. (Internacional)
La mecánica dolosa.
Marín Martín, Ramón. 1999. (Comarcal)

Reseña 1

Fernández Arias, Emilio
El hombre que trajo a Extremadura una cubana como llovida del cielo.
Colección premios Max Aub de cuentos. 1999.

Un buen cuento en el mejor estilo del brutal neo-realismo español de Camilo José Cela, aunque, en Emilio Fernández Arias, la violencia tenga un poco de más sentido lógico que en la familia de Pascual Duarte. Sin embargo, me parece que solo un español podría entender a cabalidad el sentido del honor de otro español que olvida la deuda contraída con su benefactor de toda la vida para proteger la probable y tal vez dudosa honra de una desconocida; por todo lo cual debe matar a un hombre que sustituyó, durante años, a su padre biológico... ¡y en un país extranjero! Buen problema para Sócrates y Aristóteles y ¿por qué no? para Dios.

Yo, que no conozco España y que soy iberoamericano, solamente porque soy agradecido y porque no podría matar a quien me ha tratado como si yo fuese su hijo, le diría a mi protector:

* Baja el revólver y llévate a la chica, que yo me voy a casa, ya que no soy Dios para resolver este asunto y tampoco creo en las míticas soluciones salomónicas.

Entonces, lleno de dudas y remordimientos, me habría regresado a Extremadura a invertir sabiamente mis ahorros insulares, seguro de poder encontrar una extremeña tan o mas bonita que la cubana, y que no se uniera a mí por agradecimiento, sino porque me quiere de verdad. ¡Y sin tener que matar, abriéndole el vientre de un machetazo, a mi benefactor! ¡Vive Dios!

Eudoro Silvela
Abril, 2002. Panamá

Reseña 2

Fernández Arias, Emilio
El hombre que trajo a Extremadura una cubana como llovida del cielo.
Colección premios Max Aub de cuentos. 1999.

Un hombre simple, justo y generoso, hombre "escuela" (pues la educación le sobreviene de la vida), es el personaje central de la historia. La espacialización está circunscripta en un determinado lugar. Si bien salió de Extremadura, la "batalla" tiene lugar bajo un sol cubano rasante y una tierra abierta para el aprendizaje. El tiempo en que transcurre puede pertenecer a cualquier época.

El tema, agudo y enfático en sus apreciaciones respecto del protagonista, da lugar a suponer, desde la primera línea, que las características individuales están estrechamente relacionadas con el mensaje de la conclusión. Es decir, existe una precisa forma de autodefensión que va a desencadenar en un hecho fortuito, no deseado, pero inherente a los valores humanos adquiridos desde muy niño, incluso mostrando una ingenua resignación frente a la violencia abierta o encubierta en sí misma por su definición: "...lo aguantaba todo, viniera del lado que viniera y como viniera; soportar los golpes de infortunio con una entereza que llegaba a producir miedo"

La confrontación a las sujeciones más tortuosas y desafiantes emerge del contexto con una secuencia imperturbable. Y sin hacer apología de lo que finalmente deviene, el hecho no deshumaniza al personaje sino que realza su más firme característica: la defensa de la vida.

No existe el neologismo que pueda invertir el significado de su destino y exalta el sentido de pertenencia a los valores humanos propiamente dichos, donde el hipérbaton identifica el arraigo: "de los calostros que mamó de las tetas de su madre le quedó la generosidad"

A partir de su designio, bajo una imposición no deseada, el tema gira en una verdadera sincronía de tonos, voces, matices e imágenes descubriendo un amplio sentido de cultura existencial. Dentro de estos parámetros, la prima educación se da en forma peyorativa y de ese modo se inculpa a las vivencias su mejor escuela.

Una sazonada sinestesia entrecruza todas las posibilidades de riesgo frente al desamparo y la paráfrasis del narrador expresa con fidelidad el ámbito donde el protagonista acentúa su misticismo intentando sobrevivir. Puede decirse que el padecimiento se traduce en una analogía de placer.

Podemos dividir este relato en cuatro partes fundamentales y cada una de ellas deviene con una descripción precisa y transparente:

1. El desarraigo impuesto, donde el sentido de pertenencia a su tierra es una fuerza superior que debe eludir: "se fue porque lo empujaron..." "le tenían echada al cuello la soga de la palabra dada"

Aparece la metáfora que hurga en la idiosincrasia personal: "se hicieron con la promesa... valiéndose del sacacorchos del vino"
2. La fuerza de la supervivencia frente al despojo de sus recursos: "Una bucaracá le mordió una noche..." "...casi tres días jugando al escondite con la muerte..."

Ubica al personaje dentro de un ámbito de rechazo expresado con un tono avizor alarmante: "atravesó bancales que parecían obra de terremotos,....ciénagas malolientes" "tuvo que alimentarse como los animales"

El tono imperturbable del narrador le confiere un sentimiento de mayor desgracia, pero lo percibe con profunda resignación, donde el juego de las hipérboles y aliteraciones acentúan el contexto de peligro y desamparo.

La riqueza de la metáfora, enlazada eficazmente con la metonimia, produce una decantación del horror hacia la ternura: "...carnes asomadas por los rotos al aire" "... semillero de llagas" "botonadura cárdena que le habían tatuado los mosquitos"

Reúne imágenes sensoriales tan fuertes que el color y el movimiento pueden apreciarse a través de su significante: "Pateó las selvas de ceibas cuajadas de flores de sangre..."

3. El amparo retrospectivo a su lugar de origen con un sentimiento antagónico a sus aspiraciones, pero dispuesto a revertir la situación: "se le impuso el oficio más humilde, el de más quebranto..." "fue ascendiendo como un soldado raso..."

El sometimiento y la aceptación resaltan su emotividad con el juego de las comparaciones: " rumiar ideas... lo mismo que esas colonias de moscas colgadas del rayo de sol que ha entrado por la ventana"

Las imágenes visuales, anímicas y hasta gustativas ("el estanciero... le gustaban los pesos más que saborear arrope") revelan la identidad de los personajes secundarios.

4. El duro enfrentamiento con sus propios valores al ceder con angustia recalcitrante a una situación que sabía inevitable.

En esta última parte están en juego todas las variables posibles que se puede conferir a una figura sensorial. El riesgo, los sentimientos y el placer renuevan la beatitud de las imágenes: "el talle de la muchacha... varilla cimbreña de hierba fresca y olorosa..." "...aquella mata de pelo negro y brillante como fruto de zarzamora en sazón..." "el machete salió de la funda como si hubiera sido sacado por el prestigio de un mago" "lloraba como un niño"

Las imágenes retóricas logran conmover y deleitar.

Con un dominio del lenguaje expresivo muy particular, el autor nos lleva de la mano por una historia verosímil que se ensalza con la belleza de la metáfora, ora poética, ora dolorosa en su contexto de tragedia, donde la fuerza del protagonista justifica el final previsible de antemano, pues su formación no deja lugar para otra opción menos rigurosa.

Este relato mereció el Premio Internacional de Cuentos "Max Aub" y es una obra para degustar de principio a fin.

Graciela Reveco de Manzano
Escritora de Mendoza, Argentina. Mayo/2002

Reseña 3

Marín Martín, Ramón
La Mecánica Dolosa.
Colección premios Max Aub de cuentos. 1999.

El tema de la culpa y su exteriorización en los actos cotidianos es el reflejo sistemático que surge de la decantación narrativa en esta historia absorbente. Es el motor que mueve la pasión y el odio del protagonista. Como bien lo refiere el texto: "la necesidad de la culpa y la tentación de un castigo se cebaba en su conciencia..."

El lenguaje semiótico de este relato descarnado y urdido en la profundidad más austera de las recovas humanas desencadena en una imponente elegía para describir el perfil y el entorno de su personaje central: "...para festejarse unas horas, aunque no sea domingo, y ludir el vientre con algún mocero desocupado de faena, dando empellones y retapando vagidos en el lecho" "...mansa y cobardona frente a las humillaciones que le llovían...".

El desprecio y la pasión conjugan un mismo tiempo verbal, donde predomina la instancia de vejación fraterna cuyo corolario es el desenlace esotérico que puede resguardar un espíritu agraviado en extremo: "...le odiaría todo el tiempo que la techumbre pizarrona fuera cielo común para los dos" "rostro agostizo y sofocado de la mujer, risa ciega y heridora del hombre..."

El texto se apoya fundamentalmente en la intensidad de la experiencia más que en la trama. Absolutamente, el mundo exterior se involucra con el personaje movilizando todas sus manifestaciones emocionales y psicológicas. La ambientación, la tierra misma con su fidelidad productiva, sus animales regionales, su propio cielo encaramado a la unidad arbitraria y abismal del espíritu, conforman la "ruina circular" donde se mueve la unción y la tragedia desde la culpable soledad del alma protagonista.

Las acentuadas hipérboles, las aliteraciones y la metonimia le confieren un mayor estado de dramatismo, aún frente a la apreciación más contundente: "...ni tordillejos se atreven a descansarse de la solana en su sitio" "allí se dice que nace menos la mala yerba porque le es de vergüenza humillar la tierra" "los miedos frutaron en la conciencia...frente a la sanguina del menstruo..." "el hombre le recita con brillo de azúcares en las comisuras..." "...lloran de rojo cuando el arma va desfibrando la fuente..."

El acento poético es el que permite la penetración del infortunio en lo cotidiano como un significante natural y rayano, donde la metáfora adecua con precisión las recurrencias lingüísticas que exaltan su contenido.

La narración no es convencional, pero sí sugestiva y sensorial, que invita a deslizarse por la historia como danzando en una pintura mágica, donde el autor ha trabajado con agudeza sobre la parte más oscura y profunda de los personajes y del medio en que se desenvuelve.

En el final, le otorga al protagonista un halo de humanidad significativo: "...camina por las calles rogando perdón". El sentido de invocación como resguardo del perjuicio al que estuvo sometido le otorga la asignación que necesita para lograr invertir su destino.

Este relato mereció el Premio Comarcal de Cuentos "Max Aub" y es, quizás, dable de mi parte no haber captado, con toda la amplitud que se merece, el espíritu narrativo del lugar. De todos modos, nada es concluyente, porque como dijo John Steinbeck "cuando se escribe la última palabra, la historia no está terminada, puesto que ninguna historia termina jamás".

Graciela Reveco de Manzano
Escritora de Mendoza, Argentina. Mayo/2002

Reseña 4

Fernández Arias, Emilio
El hombre que trajo a Extremadura una cubana como llovida del cielo.
Colección premios Max Aub de cuentos. 1999.

José es un extremeño fiel a su palabra y por eso emigra a Cuba. No le arredran las dificultades, es optimista ante ellas, pero con los pies en la tierra (sin dejarse arrastrar por la fantasía, sino midiendo y pesando y palpando bien todo, antes de echar paso), y por eso sobrevive a la larga y difícil andadura por la isla. Es asimismo trabajador e ingenioso, de manera que cuando consigue trabajo en una hacienda, gana puntos y sube de categoría hasta ser capataz de aquélla. Es también generoso y humano: poniendo en peligro su vida, acoge a una mujer que huye de ser poseída por el amo; y cuando se ve impelido a matar, procura que la víctima sufra lo menos posible. El relato de Emilio Fernández Arias nos narra la trayectoria de este hombre singular.

Lo vemos pues primero en su tierra natal donde unos compañeros de la siega le sacan con argucias la promesa de emigrar con ellos a Cuba. Y a Cuba fue, pero solo.

Los fragmentos que siguen nos muestran las penurias de José en una tierra desconocida y hostil. Consigue aquí el autor recrear el ambiente de la isla describiendo sus peculiaridades caribeñas con ricas y acertadas imágenes y con un vocabulario exuberante como la propia naturaleza de Cuba. Hay en esta parte frecuentes palabras autóctonas (chipojos, bucaracás, chingas...) que nos trasladan definitivamente a otro mundo muy distinto al nuestro.

Poco a poco vamos conociendo el arrojo y la determinación del extremeño, que sobrevive a pesar de las adversidades. Y medra incluso, cuando la suerte le sonríe, pero con una sonrisa dudosa, escéptica. Porque cuando fue contratado en una hacienda tuvo que hacerse vasallo del sol. Tuvo que aguantar lo suyo. Se le impuso el oficio más humilde, el de más quebranto y el de porvenir menos cierto. Pero José podía aguantar todo, y el cansancio no le impedía desarrollar su ingenio. Por eso prosperó en la hacienda.

Hasta que se interpuso una mujer. Hasta que tuvo que matar por ella. Todo el relato parece conducir a este punto, en el que el autor se detiene para mostrarnos la escena. Como si todo lo anterior se justificase en ella. Y la desarrolla con un lenguaje contenido, ajustado, que contrasta con toda la exhuberancia previa. Despacio, aumentando la tensión hasta alcanzar el clímax y concluir con un logrado anticlímax en el último y breve párrafo. Tiene uno la sensación, no obstante, de que al final le falta algo. Surge una duda, pero entonces uno piensa en el título y en cómo nunca antes fue éste tan elocuente y necesario.

Jesús Álvarez Gómez.
Agotado
Precio: 3 €
(IVA incluido)
< publicación anteriorpublicación siguiente >Last Updated: lunes, 06 septiembre 2010 06:57
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