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II Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 1988: |
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La pulga en la oreja. Flores Vargas, Carlos. 1998. (Internacional) Reseña 1 Carlos Flores Vargas La Pulga en la oreja Colección premios Max Aub de cuentos. 1998. El autor logra en un alto grado, ese ideal que tanto cuesta conseguir: mezcla sin violencia lo real con lo fantástico. Por que por un lado el lector se siente inmerso en una agradable escena de pueblo chico, casi campestre, con todos los ingredientes que la caracterizan; sobretodo la abundancia de animales que pueblan ese mundo, donde hay momentos en que aparece que los humanos pasan a un segundo plano. Vida campesina en los usos y costumbres, aunque no exenta de modernidad, como lo demuestran las reiteradas menciones a "la caja idiota", tal cual define el autor a la televisión. Pero este realismo no impide que la fantasía esté presente desde el primer momento, pues no demoramos mucho en percatarnos que el personaje principal, que relata en primera persona además, es un perro. Sin esfuerzos nos metemos en su piel, con él comenzamos a "ver las cosas" con su sentido más aguzado: el olfato. Descubrimos los distintos estados de ánimo de los personajes en función de su olor –Julio con su rabia, impotencia y miedo, "la señora" con su humor corporal de frutas ácidas y sudor fresco, o su hermana Patricia con su aliento a adobo mal digerido- También es la nariz de Beto la que nos retrotrae a nuestra infancia, y disfrutamos con él y junto a él, los distintos aromas que la lluvia le saca a la tierra y las plantas – jazmín y rosas, cilantro y barro... – Y desde el principio la idea central dominándolo todo: la simbiosis entre los reinos mineral, vegetal y animal, que lleva al borracho maestro universitario arribar a la conclusión de que el hombre es un animal simbiótico. Asociación en perfecta armonía, pues cada cual cumple su función – la gallina y sus huevos, las abejas y su miel, el ciruelo y sus frutos, el chivito engordando para su triste destino de barbacoa, y el Tepozteco, cual guardián eterno, sin moverse de su sitio. Y la nota discordante que rompe esa armonía, provocada por la crueldad humana- el exterminio de los murciélagos, y la estúpida cacería de una rata y una mariposa, que culmina en una matanza que deja en el aire una combinación de olores: sudor y miedo, violencia y muerte- Crueldad y maldad que sobrevuela el relato, y nos hace presagiar un desenlace trágico. Crueldad y maldad cuyo punto más relevante es la perversa desviación sexual de "la señora", promoviendo una aberrrante relación con el perro, (¿paroxismo de la simbiosis?), quien en definitiva termina siendo la víctima de esa perversidad, y de unos cánones morales que él no puede juzgar. Y ese final que nos muestra la imagen del pobre animal desangrándose, mientras piensa en el viejito loco y su convicción de la simbiosis dominándolo todo; y la postrer relación de seres –perros y tortugas, gatos y pericos...-, donde extrañamente (¿extrañamente?) falta el hombre. Darcy Rodríguez García. Reseña 2 Carlos Flores Vargas La Pulga en la oreja Colección premios Max Aub de cuentos. 1998. De que estamos en invierno no hay ninguna duda. En casa hace un frío que pela. Me levanto a tirar un par de troncos a la estufa. Efectivamente, a través de la ventana puedo comprobar que a la parra no le queda ninguna hoja. "La pulga en la Oreja" de Carlos Flores Vargas (Premio Max Aub 1988) es el cuento que acabo de leer porque el otro día una de esas personas apasionadas que enganchan al más "pintao" me regaló una cuidada edición y me pidió una reseña. "Yo esto no lo he hecho nunca", pienso, mientras me quedo de nuevo mirando la parra desnuda. Y de la parra al patio, del patio a la puerta, y zas!, allí está Dago, el perro de mi casero. Dago me devuelve al cuento de Carlos Flores. Se me ocurre que quizás Dago sea como Beto, el perro que nos cuenta lo que Carlos Flores imaginó. Y quizás yo podría ser la señora de la casa. También yo acabo de llegar tras unas semanas de ausencia…. Claro que me faltan hermana e hijos esperándome junto al perro. Quizás, aunque yo esté más sola que la señora de Beto, a Dago no le importe. No voy a desvelarles la relación entre la señora que llega y el perro que la espera, porque siempre aconsejaré remitirse a las fuentes, y no fiarse de críticos terceros, aunque sean tan ingenuos y novatos como yo. No sé. Quizás Dago como Beto – aun estando uno en México y el otro en Cárrica- sea también capaz de reconocer los olores de mi cuerpo, quizás también podría proporcionarme secretos placeres, quizás estuviera dispuesto a matar y a morir por mi. Olores, deseo, placer y muerte…soledad, censura …y la certeza, la comprobación, como siempre, ahogando el sueño. Yo seguro releeré el cuento de Carlos Flores. Ya ha anochecido, la figura de Dago ya no se distingue. ¡Menudo frío hace en invierno!. Berta Chulvi Ferriols. Cárrica . Enero de 1999 |
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