|
Heine. Nº 8 |
|
Reseña 1: AUB, Max. Heine. Colección Biblioteca Max Aub. Nº 8. 2000. En la enorme y necesaria tarea de recuperación de la literatura española del exilio, emprendida ya hace algunos años en la España postfranquista, figura en lugar destacado, entre otras instituciones como el Gexel o Ánthropos, el Archivo-Biblioteca de Max Aub, convertido desde 1997 en la Fundación Max Aub. Poco a poco van siendo reeditadas en esmeradas ediciones y al cuidado de especialistas obras, en su mayoría inencontrables hasta ahora, de muchos de nuestros escritores del destierro que constituyen, en su conjunto, un capítulo esencial e imprescindible de nuestra historia literaria contemporánea. Max Aub, como se sabe, fue invitado a pronunciar una conferencia sobre el gran poeta y ensayista alemán Heinrich Heine en el Instituto Cultural Mexicano-Alemán "Alexander von Humboldt" el 17 de febrero de 1956 para conmemorar el primer centenario de su muerte. Esta conferencia, publicada en Méjico al año siguiente con el título de Heine, fue considerablemente ampliada por Max posteriormente y apareció en Madrid en 1968 con el título de "Notas acerca de Heine" formando parte del volumen de ensayos Pruebas. Esta misma versión es la que se reproduce ahora en el presente volumen, precedida de un amplio y documentado estudio introductorio (págs. 13-69) de la conocida estudiosa de Max Aub Mercedes Figueras y seguida de la traducción al alemán de la especialista de Heine Berit Balzer. El volumen ha sido enriquecido con multitud de útiles notas (al estudio introductorio y a los textos español y alemán de Aub) y con una carta de Joseph A. Kruse, Director del Heinrich-Heine-Institut de Düsseldorf. El estudio introductorio de Mercedes Figueras, que ha tenido en cuenta para redactarlo una ingente bibliografía tanto de Aub y de Heine como sobre ambos, se ocupa en la primera parte de los aspectos biográficos, literarios y poetológicos de los dos y del contexto socio-cultural en que vivieron así como de las manifiestas afinidades y sorprendentes paralelismos que encontramos en la vida y en la obra de ambos y que saltan a la vista del lector enfrentado directamente con el texto de la conferencia de Max, particularidades que a mí mismo también me llamaron la atención hace años y que puse de relieve en mi aportación al congreso "Max Aub y el laberinto español" de 1993 (cfr. edición de las Actas por Cecilio Alonso, Valencia, t.I, págs. 215-216). Mercedes Figueras, que ya viene ocupándose de Aub desde hace tiempo y que realiza una importante labor de difusión de su obra en Alemania, insiste también acertadamente en esas coincidencias o convergencias: "Dijo - Heine - lo que creyó que debía decir de la forma que le pareció más idónea, sin temer la censura ni las críticas [...] Este es uno de los puntos de contacto fundamentales entre Heinrich Heine y Max Aub" (p. 15); al mencionar la crítica de Heine al patriotismo xenófobo de cualquier país, escribe: "En eso, Max Aub se halla una vez más muy próximo a Heine" (p. 18); al subrayar que el poeta alemán consiguió hacer de su ser errante una virtud literaria, añade: "como Kafka y en definitiva como Max Aub" (p. 28) (recordemos en este contexto una relevante afinidad más ya conocida: la ascendencia judía de ambos). ¿Y no fue también la libertad en Heine y en Max "una pasión ilimitada"? (p. 28). En el "Prólogo" al Teatro completo de Max (1968) escribía Arturo del Hoyo: "el teatro de Max Aub se caracteriza, en conjunto, [...] como un teatro de la libertad [...] (sus obras), en conjunto, constituyen la más noble, compacta y alta aportación literaria española al teatro de la libertad [...] El anhelo y defensa de la libertad está en la raíz de su conducta humana y de su quehacer dramático" (p. 32). Heine y Max vivieron en el exilio muchos años (treinta y tres Max, veinticinco Heine), a Heine el Bundestag le prohibió la publicación y venta de libros y artículos en todo el territorio prusiano (p. 31); algo semejante hizo la censura franquista con las obras de Aub y de casi todos los exiliados republicanos. Al hablar de la posición de Heine entre dos culturas, comenta Mercedes Figueras: "Con esta situación se enfrentan todos los exiliados, pero de manera especial los escritores. Es uno de los problemas con los que también se debatió Max Aub" (p. 49). Más afinidades: "La voluntad de crear se mantuvo inquebrantable en los dos hasta el fin", apunta Mercedes Figueras (p. 57). Por su parte, Max, refiriéndose al escritor de Düsseldorf escribe: "no calló nunca ni por nada [...] todos sus gestos están al servicio de las ideas liberales y progresivas"(p. 125), lo que creo que también puede decirse de él mismo, como igualmente se le puede aplicar a él la misma razón - o una de las razones - de la grandeza de Heine: "La grandeza de Heine, como la de todos los escritores que cuentan, depende de su potencia de rebeldía" (p. 131). "Enrique Heine escribió mucho, como todos los que tienen por necesidad que vivir de esa veta", lo que sin duda también hizo él (p. 138). En la segunda parte del estudio introductorio trata Mercedes Figueras de la recepción, sobre todo, de Heine y, en menor medida, de la de Aub en Alemania, Francia, España y América Latina dando interesantes informaciones a los lectores sobre la fortuna - que aquí interesa más que la de Heine - de Max en algunos países. En Méjico, por ejemplo, en donde escribió Max la mayor parte de su obra. En cuanto a la escénica, a pesar de su pasión por el teatro, salvo alguna excepción (como el estreno de La vida conyugal en 1944), sólo fue puesta en escena por grupos universitarios, experimentales o vocacionales, a pesar de su indiscutible riqueza y variedad. La explicación creía encontrarla Carlos Solórzano, según Domingo Adame, en "la intelectualidad" de las obras de Max porque el teatro comercial estaba "intoxicado por un sentimentalismo fácil, una acción abundante y una ausencia de reflexión" (cualidades que ciertamente no caracterizan el teatro de Max) y por el "predominio que el espectáculo iba ganando sobre el texto dramático" (p. 58) a partir de los años cincuenta. El panorama en España no es menos decepcionante en este contexto pues tanto las representaciones (No, Valencia, Teatro Princesa, 1976, San Juan, Valencia, Teatro Principal y Madrid, Teatro María Guerrero, 1998, y alguna más) como las ediciones no han sido muy numerosas. Mucho más lo han sido, por supuesto y afortunadamente, las ediciones de obras narrativas y bastantes también los estudios que se le han dedicado a su creación en España, sobre todo a partir de los años setenta (Soldevila, Monleón, Prats Rivelles, Ruiz Ramón, Longoria, Borrás, Doménech etc.). Como complemento de las muchas informaciones que se ofrecen en el libro sobre la recepción de Heine en España cabría añadir aún la "Balada de Atta Troll", escenificada, que forma parte de Nuestra Natacha de Alejandro Casona y, como complemento de la recepción de Max en Alemania Meines Vaters Sohn (literalmente El hijo de mi padre) curioso título de Las buenas intenciones que impuso la editorial, Limes Verlag de Wiesbaden en 1965 al traductor Eugen Helmlé, ex alumno mío y recientemente fallecido, de la que poseo un ejemplar. Esta novela en esta misma traducción se ha publicado de nuevo en 1996, ahora con el título correcto Die besten Absichten (Gatza bei Eichborn). También apareció en 1963, en la editorial Piper de Munich, Die Schuld des ersten Anglers, un volumen de narraciones breves que contiene La espina (que da título al libro), Homenaje a Prosper Merimée (Brand im Tal), El silencio (Das Schweigen), las tres traducidas por Hildegard Baumgart, y El cojo (Der Klumpfuß), esta última vertida al alemán por el conocido hispanista suizo Gustav Siebenmann. Berit Balzer, la traductora del texto de Max al alemán, corrige algunos pequeños errores del mismo (notas 39, 72 y 75) relativos a Heine pero comete a su vez un error al afirmar la inexistencia en español de "deturpar" (nota 13) y de "circasiana" (nota 85), verbo y adjetivo que se encuentran en el Diccionario de la Real Academia Española (21a edición, 1992). El volumen lo completan una cronología de Heine y una bibliografía de y sobre Heine y Max. En resumen: la Fundación Max Aub se ha apuntado un buen tanto al reeditar este interesante y substantivo ensayo de forma bilingüe y con un excelente acompañamiento crítico y bibliográfico, continuando así, de manera firme y constante, la magna tarea de recuperación de la original e incomparable creación literaria de Max. José Rodríguez Richart Saarbrücken Reseña 2: AUB, Max. Heine. Colección Biblioteca Max Aub. Nº 8. 2000. Henrich HEINE, una personalidad polifacética. Con motivo de un aniversario, Max Aub habló de Heine, y más tarde, compenetrado de la grandeza del hombre, escribió una biografía sobre aquel símbolo de la expresión alemana en el exilio. Parecen ser los centenarios los únicos momentos en los cuales se rehabilitan personalidades tan transcendentales como Heine. Si el propósito fue reparar el vacío que supuso la actitud de los propios alemanes con uno de los suyos, la iniciativa de la conmemoración sigue surtiendo efecto porque se está ampliando el ámbito de los lectores del mismo, sacándolo de una vez del olvido. « Heine » de Max Aub, además de representar un reconocimiento póstumo al autor, es un homenaje a la grandeza del hombre cabal y honrado que nunca temió reconocer lo que era: judío y alemán. (-No puedo asegurar que esta duplicidad valga también para Max Aub, porque no he podido averigüar la confesión religiosa del autor, -que llevó años estudiando-, y sin embargo, parece estar la religión detrás del pretexto que dio lugar al cuento «Manuscrito cuervo» (1942), por eso he pensado que había una sorprendente coincidencia con Fernando de Rojas y sus versos acrósticos-). Max Aub pinta de Heine una figura sobresaliente y la admiración rebosante que profesa al poeta, al filósofo, al artista y al periodista, es sin límites. Se siente irresistiblemente atraído por esta personalidad compleja, atormentada cuya vida ha sido una perpetua lucha para denunciar los males de su patria. El que fue rechazado en su país por sus ideas y perpicacia, encuentra en Francia la aceptabilidad liberal que siempre le faltó en tierra germánica. Esta comprensión ahonda en él la incansable lucha que lleva para la unión franco-alemana confirmando su fidelidad a las orillas del Rin, lo que lo convierte en uno de los raros autores europeizantes que, a pesar de todo, ha traspasado su época por ser el precursor de la Unión Európea. -¿ Qué poder hacía que Max Aub se sintiera tan atraído por la máxima figura del exilio voluntario alemán del siglo XIX ? La lectura de la obra hace la luz en mi mente y entonces, aparecen las similitudes que encajan las unas con las otras. Muchas afinidades unen nuestros dos autores salvando los siglos: los ideales, los sueños y la añoranza. Ambos sufrieron el exilio: si el primero voluntario, el segundo forzado. Si en literatura empezaron los dos por escribir versos, la variedad de la obra los reune también ; ambos se distinguieron por la destreza en manejar la pluma en todos los géneros ; con igual ahinco denunciaron a los responsables de la opresión que sufrieron los oprimidos de sus países respectivos. Si el uno puso en versos cuentos, críticas, o reportajes de actualidad (Heine, p.101) el otro se distinguió por la hibridación de novela en teatro (Campo francés, 1965). Además de ser bilingües los dos, -el primero por propia elección y el segundo por las viscisitudes de la vida- vivieron cada cual la mitad de su vida en su patria y la otra, en el país de adopción. Ambos centraron su producción literaria en sus países ; para Heine Alemania ha sido un constante debate y para Max Aub España ha supuesto el centro de su producción literaria comprometida. Heine es reconocido universalmente por ser el poeta de la sensibilidad y del combate por la humanidad como fiel discípulo de Hegel, vía que no dejará de seguir el mismo Max Aub. Alemania se glorifica con su nombre y Francia ve lo mejor de ella a través de él, con lo que se reafirma una vez más la supremacia de la inteligencia humana. Su aporte a la literatura universal supuso una novedad ; anticipo del autor moderno, introduce, el autor en el personaje (Heine, p. 84). Su lucidez le hará ver en los poetas a través de su caparazón, porque opina que «el estilo reside en lo que se disimula» (Heine, p. 85). Su patriotismo, que se ha forjado en su rebeldía y en «sus gritos coléricos», es él de un feroz combatiente contra la condescendencia de sus compatriotas, bajeza que siempre denuciará, provocando el odio de los que nunca le perdonaron. Esta actitud valiente para la época molestó hasta el punto de suscitar, un siglo después de su muerte, la rabia de los fascistas que lo persiguieron en la tumba. La mayor admiración de Max Aub para Heine reside en su visión de profeta ; él que había podido intuir las dos guerras mundiales y el desastre de Alemania, por haber experimentado en su carne, los males de su patria, no se había equivocado. Max Aub como respaldador de los oprimidos de todos los horizontes y entre ellos, Heinrich Heine, se hermana con su causa haciéndola suya y su afán de rehabilitar a su compañero de armas se concreta con la publicación de este libro. Sra. Saliha Zerrouki Universidad de Argel Reseña 3: AUB, Max. Heine. Colección Biblioteca Max Aub. Nº 8. 2000. En 1956, en el centenario de su muerte, Heine representaba todavía una ”herida” abierta, tal y como lo expresó Theodor W. Adorno en su famoso homenaje, donde entrevió en el popular, aunque no siempre bienquerido autor, la prefiguración de un destierro que, tras la Segunda Guerra Mundial, se convertía en Destino Humano. Paralelamente, Max Aub también conmemoraba a Heine en una larga conferencia pronunciada en el Instituto Alemán ”Alexander von Humboldt” de México. En contraste con la repercusión que tuvieron las breves palabras del filósofo, la conferencia del escritor hispanomexicano pasó casi inadvertida, y no precisamente por haber carecido de interés. De ahí, que ahora sea el momento de agradecer a la Fundación Max Aub la reedición de este texto, posibilitando así que llegue a un público más amplio que al mero grupo de amigos. Si bien es cierto que el exilio de Max Aub no puede compararse directamente con el de Heine, ya que éste se fue a Francia no por salvar la vida, sino buscando libertad de expresión, no es menos cierto que las afinidades entre los dos autores arraigan muy hondo en esa experiencia compartida: el destierro como vida entre diferentes culturas donde no es fácil hablar de una ”patria”, a no ser la ”patria portátil” del idioma de la que hablaba Heine. En su bien informado y amplio estudio introductorio, Mercedes Figueras aclara las bases comunes que vinculan a los dos, bases que forman una relación capaz de trascender el puro encuentro circunstancial y fortuito de la conmemoración. Las afinidades entre los dos escritores no se limitan sólo a la experiencia compartida del exilio y a una decidida crítica contra el nacionalismo, sea en su vertiente literaria o política, también existe una serie de paralelismos a nivel poetológico que permite hablar de un ”foco de convergencia” (p. 14). El primero a destacar es el cultivo de una literatura polifacética, para la cual se sirvieron de todos (o casi todos) los géneros, creando así una obra de ”rica pluridimensionalidad” (según palabras de Arcadio López-Casanova, p. 15). La preocupación por una estética plural nunca fue pretexto, en ninguno de los dos autores, para una fácil actitud esteticista, despreocupada por las realidades políticas y sociales. Tanto la obra de Heine como la de Aub se niegan a contribuir a la poco productiva oposición entre una ”autonomía” del arte y su instrumentalización como arma política. Poesía y política no se excluyen sino que se complementan, como bien muestra la literatura del lírico judio, prueba que Aub destaca con ímpetu varias veces en su conferencia proponiendo a su vez ”celebrarlo entero” [a Heine]: ”Arte y política en uno, indiscutible grandeza; o, al revés, política y arte, sin que se puedan comprender una sin otro, a menos de rebajarse al nivel de tantos ilustres poetas de nuestro casi tiempo, más o menos capados, que corrieron hasta cansarse, bien provistos de anteojeras, arrastrando el peso de un mundo que no comprendían” (p. 127). Aub insiste en la inseparable unidad entre el lado lúdico-lírico del homenajeado y el sátirico-prosaico, oponiéndose además a una recepción marcada por una fuerte selectividad y la subyugación de la pluralidad estética a intereses claramente dirigidos. La unilateralidad de la recepción de Heine no es sólo característica para Hispanoamérica, sino también para la Alemania de postguerra, en la que Aub prevé una ”descuartización” de Heine análoga a la división de los dos sistemas políticos: ”nada tendría de extraño que la Occidental glorificara al lírico mientras la Oriental buscase provecho en sus escritos satíricos” (p.77). Y así, efectivamente, sucedió. La imagen del poeta alemán que Aub esboza, sin embargo tampoco es ”objectiva”, sino guiada por intereses y gustos propios. Además no siempre parecen acertadas las comparaciones que establece; así, cuando se le relaciona con el vitalismo filosófico de Ortega y Gasset (p. 82) o se le compara sin más, y en un renglón, con Quevedo, Lope, Bécquer, Darío y Chaplin, ”ese otro judío de la cuerda de Heine” (p. 96). Pero, dejando a parte estos elementos de un sincretismo erudito, algo desenfrenado y fuera de lugar (si bien muy típico en los homenajes), la visión que Aub tiene sobre Heine está llena de interesantes aportaciones para el lector actual, precisamente porque destaca el pluralismo estilístico del autor como elemento productivo y rasgo constitutivo de una modernidad aún vigente. Y la carencia de homogeneidad en su obra literaria, no la considera una falta, sino el signo del hombre moderno que reacciona frente a la fragmentación del conocimiento del mundo con la voluntad de ”ser otro sin dejar de ser él mismo”, de ”ser distinto, aquí y allá” (p. 85). Con Heine se anuncia una literatura en movimiento que no se puede reducir a identidades inequívocas o fijas. El mismo Aub, que encarnaba la moderna configuración de la biografía patchwork, era consciente de que ”yo es un otro” y buscaba dobles ficticios en el pasado para crearse a sí mismo valiéndose de diferentes personas. También se sirvió de Heine como si se tratara de una máscara más, una máscara más real, claro está, pero no más verosímil que Jusep Torres Campalans, a quien poco después inventaría, construyéndole una biografía. El lector que se interese sobre todo por Aub, encontrará en este homenaje el placer de reconocer a ”su” escritor en otra persona. Y, por supuesto, también disfrutará un lector interesado en Heine, ya que Aub aporta una visión muy polifacética y original del poeta sin dejarlo reducido a una mera figura de identificación, como solía ocurrir, por ejemplo, en el círculo de exiliados alemanes miembros del ”Club Heinrich Heine” en la capital mexicana. Aub más bien lo utiliza como vehículo para ponerse imaginariamente en movimiento, por muy quieto que quedara su cuerpo en esta ”sala de espera” que suponía para él el exilio. Imprescindible en este proceso fue ”la patria portátil”, el lenguaje propio, que tanto a un autor como a otro les permitió mantener su identidad más allá de las fronteras nacionales. Otra razón que añadir para el disfrute de la lectura es la plasticidad y el dominio estilístico del castellano de Max Aub. ¿No estaría caracterizando también su propria relación con el idioma cuando constata que Heine se sentía ”tan seguro de su idioma que buscó en él una objetividad que no dejara transparentar su sentimiento” (p. 87)? Dadas estas circunstancias la traducción del texto al alemán viene a ser (valga en este caso el tópico) una traición. Las anotaciones que intentan explicar los juegos lingüísticos del original (como el ”converso con verso” y otros) ayudan poco, y no impiden una pérdida de ritmo y elegancia. Si se tiene tan sólo un acercamiento mediante este texto alemán, no se percibirá realmente la atractividad que brinda la escritura aubiana. Pero no por esto se cuestiona el mérito que Berit Balzer tiene como traductora de Heine al español y, naturalmente, merece un reconocimiento el intento de llegar a un público alemán con esta edición bilingüe. Con todo, el libro documenta un fascinante encuentro entre dos grandes escritores exiliados que trascienden los límites de una literatura nacional. Hanno Ehrlicher Reseña 4: AUB, Max. Heine. Colección Biblioteca Max Aub. Nº 8. 2000. El proyecto de publicar las obras de Max Aub en volúmenes seguidos constituye un valioso esfuerzo en pro de difundir el conocimiento de sus escritos en tomos pequeños y accesibles. Este volumen consta de una larga conferencia dada por Max Aub en México en 1956 con motivo del centenario de la muerte de Heine. También se incluyen los apuntes que hizo el escritor para dicha conferencia. La versión final del discurso está acompañada de una introducción y notas, un cuadro cronológico de la vida de Heine, y una bibliografía que abarca la obra de los dos escritores, todo a cargo de la editora de este volumen cuidadosamente revisado, Mercedes Figueras. Para una mayor difusión de la obra se incluye, además, una traducción al alemán de la conferencia. En seguida se siente en la conferencia de Aub a un escritor marcado por la experiencia de la Guerra Civil de su patria. El escritor segorbense no tarda en sonar la nota del pluralismo de Heine y en declarar que Heine es para todos, "para el radical y el conservador –si es persona de gusto, cosa que a veces sucede, para el amante y el amado, el escéptico y el creyente, el vigoroso y el enfermo, el optimista y el que no lo es, para el amante de la paz y el creyente en los bienes de la guerra" (pág. 75). Al leer estos comienzos de la conferencia recordamos el pluralismo del mismo Aub tan bien captado en su conmovedora obrita de teatro, a guisa de auto sacramental seglar, Pedro López García, publicada en Hora de España en julio de 1938. Tampoco es de extrañar el que el conferenciante, dando su discurso en el exilio en México, piense en el escritor alemán como "siempre extranjero [y que] siempre tuvo la sensación de estar en el aire" (pág. 121). Como consecuencia estética de esto Aub saca la conclusión, ligada con el pluralismo heineano, de la universalidad del poeta, "tan alada, tan en ninguna parte, tan universal, tan bien comprendido por todos". Otros puntos destacantes de la poesía de Heine resaltadas por Aub son los toques de modernidad que se encuentran por doquier en su obra, así como sus reputadas palabras al bordo de la sepultura, cuando profirió su acto de fe, entre burlón y escéptico: "Dios me perdonará, es su oficio" (pág. 109). Como era de esperar resultan a veces más interesantes los apuntes hechos para el discurso, por más reveladores, que la misma pulida conferencia formal. Así vibra en la memoria del lector una frase citada sobre Heine, la cual, en palabras del propio Aub "podría resumirse a las proporciones de un epitafio"; y es un sencillo elogio de la sencillez penetrante de Heine: "hirió de muerte a la grandilocuencia" (pág. 116). Esta conferencia, que representa el abrazo centenario de dos escritores afines, a través de los siglos y culturas apartados, servirá como muestra ejemplar del valor de la poesía, y de la crítica de la poesía, porque Aub ha puesto en su elogio del alemán universal todo su propio humanismo de poeta, de pensador y de hombre que ha sentido en su carne la llaga del siglo en que le tocó vivir. James Whiston Trinity College, Dublin |
|
|
Precio: 15 € (IVA incluido) |
|

